Siempre se puede empezar de nuevo, renacer para ser mejor. Carlos Valerio fue futbolista profesional en la década de los 90, se retiró y resbaló en un penal. Salió en libertad y ahora es un emprendedor. El momento feliz de un hombre que conoció el sufrimiento.
En Colombia, ante Nacional de Medellín (Asprilla, Álvarez, Escobar, Higuita) por la Copa Libertadores del 1992. En ese viaje dormí con ‘Kukín’ Flores.
Era súper inquieto y esa noche no me dejó descansar. Lo bueno llegó después del 2-2.
La rompió, marcó un golazo, festejó en la tribuna donde estaba sentado el tristemente célebre Pablo Escobar y le hizo la bronca al técnico Hernán Darío Gómez. Luego todos se arrancaron de rumba.
No. Terminé lesionado.
Eso esperaba, pero cerca de las tres de la madrugada apareció Carlos con una ‘colocha’ que parecía una muñeca.
No le importó y cuando ‘acabó’ me dijo que me tocaba.
La verdad, si estuvo con él, al verme a mí se iba a reír.
Estábamos jugando contra Alianza, nos iban ganando y ‘Chalaca’ me grita desde el banco: “Valerio, dile a ‘Puchungo’ que se haga el lesionado porque lo voy a sacar”.
Le avisé: “Te va a cambiar, hazte el que no caminas bien”, y ¿sabes qué hizo?
Volteó y le gritó: “Oe conc…, eres malo”.
Viajamos a Huánuco y en la previa del partido con León varios se escaparon. Para variar Marco Charún volvió tarde y apestando a trago.
El ‘profe’ Chale solo lo sentó.
Perdimos y el zambo otra vez quería hacerla, y con ‘Kukín’ sabíamos que había dejado su pantalón en la azotea del hotel.
Subimos, le rompimos la costura y se lo dejamos doblado.
Yo me fui a timbear con ‘Agujita’ Bassa, el futbolista más malo con los números.
Nos pusimos a jugar 21 con las cartas, saqué un 12 y después un 8 y lo sorprendí. Ya está: 12 más 8 es 21 y él se ‘rayó’: ‘No seas estafador, tramposo. Es 22’, y me retó: ‘Vamos a mecharnos’.
Negro no se mecha con negro, primo, le respondí.
Miraba la discusión y habló en voz alta: ‘Negro tampoco rompe el pantalón de otro negro’.
Puros ‘bomberos’. Anota: Marco Lovera, Tony Alguedas, los antes mencionados, Martín Ochandarte y otros más.
Entrenábamos en Fertisa y solo corríamos una sola cuadra, porque después caminábamos.
La muerte de la madre de mis hijos cuando estaba en ‘Sarita Colonia’. No me pude despedir.
Daba temor, pero encontré varios barristas del Boys que me cuidaron.
El nombre es por un amigo que falleció y cuando tomaba vacilaba: ‘Yo me rebalso’.
Saludos a la gente del Trome y los espero acá en Tahuantinsuyo, mi barrio de toda la vida.
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