
En los últimos días de la campaña presidencial, el congresista y candidato Roberto Sánchez ha incrementado su discurso de dividir a los peruanos, entre pobres y ricos, provincianos y limeños, los excluidos y los que forman las ‘élites capitalinas’. Esa es la monserga que siempre han pregonado los izquierdistas radicales. El año 2021 le funcionó al golpista Pedro Castillo, a quien hoy Sánchez remeda y pretende indultarlo si llega al poder.
Pedro Castillo y Sánchez son la misma cosa, ambos gobernaron juntos, como mandatario y ministro, respectivamente. Apenas llegaron al poder se olvidaron de los pobres. Hubo corrupción y hasta les abrieron las puertas a militantes de Sendero Luminoso, esa secta terrorista que tanto daño hizo al país.
El gobierno de Castillo y Sánchez —del que también fue parte la izquierdista Dina Boluarte— fue un desastre. En apenas cuatro años hubo 170 ministros. Sesenta de ellos duraron menos de cien días.
El único ministro que Castillo nunca cambió fue Sánchez. La economía se contrajo, once millones de peruanos empobrecieron, las inversiones decrecieron, los millonarios proyectos mineros se paralizaron, la inversión privada fue cero. Lo único que creció fue la delincuencia, el crimen organizado y la minería ilegal, que apoya a Sánchez.
Pese a esa ineptitud, hubo un peruano que logró mantener nuestra economía a flote y en progreso: Julio Velarde, el presidente del Banco Central de Reserva (BCR). Velarde ha logrado tener la inflación controlada, las reservas internacionales fuertes como el acero y la credibilidad macroeconómica del país en buen nivel.
Para Sánchez, sin embargo, Velarde es una “vergüenza”. En la primera vuelta lo denostó. “Usted, señor Julio Velarde, no nos representa. Nosotros en nuestro primer día de gobierno lo vamos a echar porque es una vergüenza”, dijo en un video. Pero ahora, cínicamente, dice que lo mantendrá en su puesto.
Sánchez es un mentiroso compulsivo, como le dijo el domingo, luego del debate presidencial, el exministro de Economía Luis Miguel Castilla. Según Sánchez, Castilla había dicho que Pedro Francke, el jefe de su programa económico, había sido el mejor ministro de Economía que hemos tenido. Pero Castilla jamás dijo eso. También faltó a la verdad cuando Keiko Fujimori le preguntó si el asesino de policías Antauro Humala liderará la lucha contra el crimen. No contestó porque sabe que lo hará: él mismo, públicamente, le ofreció ese cargo.
Sánchez quiere cambiar la Constitución y el modelo económico, según él, para favorecer a los pueblos olvidados del sur. Esa es otra falsedad. Los gobernadores regionales de esas zonas reciben cada año millonadas de dinero que luego devuelven porque no saben ejecutar. Son de izquierda y muchos han terminado presos o procesados por corrupción. El problema no es la Constitución, sino la mala gestión de las autoridades.
Sánchez quiere llegar al poder para convocar a una asamblea constituyente, cambiar todo, despilfarrar nuestras divisas con medidas populistas y aprovecharse económicamente, como lo hizo el venezolano Nicolás Maduro, a quien admira.
A este sencillo columnista siempre le ha gustado hablar claro y sin ambages. La única opción que queda es Keiko Fujimori. Votar por ella no te hace fujimorista. Pensemos en el país. Nos vemos el otro martes.
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