(Foto de AFP)
(Foto de AFP)

El conflicto bélico que libran parece extraído de una película de ciencia ficción. La forma y los métodos de una guerra han cambiado radicalmente, ahora es altamente tecnológica. Según los expertos, hoy prevalecen dos modelos muy distintos: la alta sofisticación militar occidental y la estrategia de bajo costo y alta saturación impulsada por Irán.

En los primeros 16 días de combate, que se iniciaron en febrero pasado, EE. UU. llegó a lanzar once mil misiles a blancos claves iraníes, lo que representa millones de dólares por cada unidad. Entre tanto, Irán optó por el uso de drones baratos y misiles de fabricación sencilla sin mucha inversión de dinero, contra objetivos israelíes.

Los métodos en una guerra pueden cambiar, pero lo que jamás dejará de existir son las operaciones de inteligencia humana. Es decir, el espionaje puro y duro, en el mismo territorio enemigo, antes, durante, después de la guerra y hasta el infinito. El trabajo de los espías, los infiltrados, la captación de confidentes e informantes, nunca tendrá reemplazo.

En ese mundo clandestino, pero de vital importancia, la CIA norteamericana y el Mossad israelí son los mejores del mundo. La ventaja que en este conflicto tienen ambos países se debe al eficaz trabajo de sus servicios de inteligencia.

El Mossad ha trabajado durante muchos años infiltrando agentes y captando confidentes en todos los niveles de la cúpula militar y civil iraní.

“Es probable que Israel tenga entre treinta y cuarenta células operando dentro de Irán. La mayoría de ellas formadas por colaboradores, en lugar de agentes israelíes, lo que también hace que Irán parezca débil. Algunas de esas células se encargan del contrabando de armas desde Israel, otra de llevar ataques y otras de la recopilación de inteligencia”, dijo hace un tiempo Hamze Attar, un conocido analista de defensa a una agencia de noticias extranjera.

El trabajo de inteligencia ha sido tan efectivo y letal que, unos días después de haberse iniciado el conflicto, el primer ataque aéreo de Israel en Teherán acabó con la vida del líder supremo iraní Alí Jamenei (87), quien había gobernado ese país durante 37 años.

Jamenei se encontraba en su inexpugnable búnker, pero la CIA logró ubicarlo, saber el lugar, el ambiente y la hora exacta donde se encontraba. Junto con él murieron cuarenta altos dirigentes de su cúpula militar.

Por si fuera poco, días después, Israel lanzó otra acción aérea fulminante. Esta vez en el edificio de la Asamblea de Expertos, en Qom, donde se iba a escoger al reemplazo de Jamenei y los nuevos jerarcas. Casi todos murieron.

En respuesta a esto, en Irán han sido detenidas decenas de personas acusadas de espiar para el Mossad. Varios terminaron ejecutados. Como es obvio, Irán ha tratado de infiltrar espías y captar confidentes en Israel, pero con poco éxito. El año pasado, el Shin Bet, el servicio de seguridad interna de ese país, detuvo a siete ciudadanos, pero luego fueron dejados en libertad.

El espionaje nunca muere. Nos vemos el otro martes.

*Los artículos firmados y/o de opinión son de única exclusividad de sus autores

MÁS INFORMACIÓN:

Contenido sugerido

Contenido GEC