
La detención el jueves de Lupe Zevallos Gonzales (64) marca el fin de la organización de narcotráfico de su hermano Fernando Zevallos, alias ‘Lunarejo’. Es el epílogo de una mafia que estaba a punto de convertirse en el primer cártel de la droga peruano, similar a los colombianos y mexicanos. Zevallos había construido una estructura financiera en el país y el extranjero, redes de contactos en todos los niveles, políticos, empresariales, judiciales y en las Fuerzas Armadas y Policiales. Y, asimismo, tejió una red de amigos periodistas en los medios de comunicación. Lupe, su hermana, era su operadora, su brazo derecho.
La historia de ‘Lunarejo’ empezó en enero de 1995, cuando en un almacén de Piura la policía y la DEA incautaron 3.5 toneladas de cocaína. Era el más grande cargamento de esa droga que se había descubierto en el país. Aquello probaba que los narcos peruanos ya elaboraban cocaína, una labor que solo hacían los cárteles colombianos.
En ese entonces, este columnista integraba la Unidad de Investigación de El Comercio y fue encomendado para investigar quién estaba detrás de ese cargamento. Fueron 15 años de investigación solitaria e incansable. Hasta ese momento solo se sindicaba como dueños de ese alijo a los hermanos López Paredes, que habían sido detenidos en las redadas. No salía a la luz el nombre de Zevallos.
LE DECÍAN ‘LUNAREJO’
Viajé por varias semanas a Tarapoto, departamento de San Martín, de donde había salido el cargamento de cocaína hasta llegar a Piura. Un sábado por la noche, un agente antidrogas que era mi fuente me dijo para ir al ‘Papillón’, la discoteca de moda de ese lugar. Allí se mezclaban narcos, policías, mujeres hermosas. En las afueras del local selvático se estacionaban modernas y flamantes motos y camionetas cuatro por cuatro.
Ese día se celebraba el concurso Miss San Martín. El premio para la ganadora era de 10 mil dólares que lo donaría la empresa Aerocontinente. ¡Un platal de dinero en ese momento! “¿Quién es el dueño de Aerocontinente?”, le pregunté a mi contacto. “Fernando Zevallos, le dicen ‘Lunarejo’”, me respondió. Me explicó que Zevallos era un narco poderoso, el verdadero dueño de la cocaína incautada en Piura, y estaba moviendo todos sus contactos para que no lo incluyeran en la investigación. Allí empezó este gran caso.
Por ese entonces, Zevallos era considerado como un empresario aerocomercial exitoso. Se codeaba con la flor y nata de los sectores políticos, empresariales y judiciales. Su empresa Aerocontinente tenía una flota de doce aviones, se había apoderado del mercado aerocomercial con tarifas bajas y quebrado a dos compañías antiguas. Y su hermana Lupe se rodeaba y fotografiaba con la socialité limeña.
UN PASADO SANGRIENTO
Zevallos, sin embargo, tenía un pasado oscuro vinculado al tráfico de drogas y asesinatos desde joven. Lo había ocultado sobornando a autoridades, matando testigos y arreglando a periodistas. Descubrimos que en 1982, cuando fue llevado por su madre a Uchiza, en ese entonces la capital de la droga, tuvo su primer proceso por narcotráfico, dos años después tuvo otro por el mismo delito y luego uno más por el asesinato de uno de sus competidores. No era ningún empresario, era un narcazo.
LA POLICÍA FINANCIERA
Pese a sus presiones, Zevallos fue incluido en la investigación policial y fiscal de las 3.5 toneladas de cocaína. Meses después, la División Financiera de la Policía Antidrogas determinó, en un informe lapidario, que él no había podido justificar de dónde había sacado los 35.5 millones de dólares con los cuales había comprado sus doce aviones.
Fue denunciado y se le abrió un juicio oral que demoró muchos años, con idas y venidas. El proceso se quebró muchas veces por las argucias legales del narco. Fueron llamados a declarar varios testigos, entre ellos tres de sus sicarios que lograron sobrevivir. En su cara le dijeron que él los había contratado para matar a varios de sus enemigos, pero no cumplió con el pago. También llegaron a declarar -por primera vez en la historia judicial del país- agentes estadounidenses de la DEA, quienes afirmaron que ‘Lunarejo’ había sido y era un narcotraficante de alto vuelo.
El año 2004, el gobierno de Estados Unidos incluyó a ‘Lunarejo’ en el Kingpin Act, una lista donde aparecen los narcos y financistas terroristas más importantes del mundo. Es una ley que obliga a los norteamericanos a no hacer negocios con los que aparecen allí. Los aviones de Zevallos eran de compañías de ese país. Allí empezó la caída de su empresa, que ni siquiera podía comprar repuestos para sus naves.
EL FIN DE ‘LUNAREJO’
Cuando el juicio estaba por terminar, se formó un grupo especial en la Policía para capturarlo. Se temía que ‘Lunarejo’ iba a fugar. Fue arrestado en noviembre del 2005, y un mes después fue sentenciado a 27 años de prisión por narcotráfico.
Paralelamente, corría un juicio por lavado de dinero contra él y su hermana Lupe. Se probó que ella manejaba la dinámica financiera de Aerocontinente, era representante de empresas de fachada y tenía cuentas millonarias cifradas en bancos de paraísos fiscales. El año 2019 fue citada a escuchar su sentencia de 25 años de prisión, pero antes de que concluyera pidió permiso para ir al baño y desapareció… hasta que el jueves pasado, después de siete años, fue capturada.
Allí se cerró el ciclo de esta familia que tanto daño hizo al país. Nunca voy a olvidar el día que fui a visitar un albergue de adictos a la cocaína. Un joven veinteañero parecía un anciano por el maldito veneno que consumía. Hoy, los hermanos Fernando y Lupe Zevallos están bien presos. Todo lo malo se paga en esta vida.












