
Desde que asumió la presidencia de Estados Unidos por segunda vez en enero del 2025, Donald Trump se planteó el objetivo de capturar al dictador venezolano izquierdista Nicolás Maduro. La madrugada del sábado último dio la orden para que la Delta Force, la principal unidad de operaciones especiales del Ejército, ejecutara la operación ‘Martillo de medianoche’, capturando a Maduro y su esposa Cilia Flores.
Se trató de una operación impecable donde los sistemas de inteligencia jugaron un papel clave. Recopilaron información, captaron e infiltraron confidentes en la misma cúpula del poder que les permitió conocer la ubicación exacta donde estaría Maduro. Sabían hasta lo que comían sus mascotas.
Millones de venezolanos que tuvieron que salir de su país obligados por la miseria, la pobreza y el sistema de represión que ejercía Maduro y su cúpula civil-militar celebraron alborozados su caída.
Trump no se dejó engañar como su antecesor Joe Biden. Biden fue permisivo y benevolente con el régimen chavista. El tirano lo engañó reiteradamente.
En el año 2022, Biden perdonó y ordenó la liberación de dos sobrinos de Cilia Flores, esposa del dictador. Ambos se encontraban presos en Estados Unidos sentenciados a 18 años de prisión por narcotráfico. Era un gesto de buena voluntad para desenredar el proceso político, pero nada cambió.
No solo eso. Un año después, la misma administración Biden concedió un perdón escandaloso al colombiano Álex Saab, quien era el lavador de dinero de Nicolás Maduro. Saab estaba preso en Miami desde el 2021. Todas esas concesiones se hacían a pedido del gobierno venezolano, que a cambio ofrecía elecciones transparentes.
El mismo Biden celebró ese momento: “Estamos asegurándonos que el régimen venezolano cumpla con sus compromisos. Han anunciado una hoja de ruta electoral, acordada por los partidos de la oposición, para unas elecciones competitivas en 2024. Se trata de un paso adelante e importante”.
Pero todo era un cuento. Maduro pisoteó los acuerdos para realizar elecciones libres. La principal opositora del régimen y candidata presidencial, Marina Corina Machado, fue inhabilitada, perseguida y restringida en todos sus derechos para poder postular. Fue reemplazada por Edmundo González, quien ganó las elecciones de lejos, pero Maduro no respetó los resultados.
La izquierda latinoamericana cuestiona la acción militar de Trump. Lo acusa de intervencionismo. La pregunta es obvia: ¿Cómo entonces se podría capturar a un dictador que reprimía a su pueblo, no respetaba acuerdos, era jefe de un cártel de la droga, manejaba para su beneficio el multimillonario negocio del petróleo y quería perpetuarse en el poder por siempre?
Venezuela vive en la incertidumbre. La presidenta interina Delcy Rodríguez formaba parte del cogollo de Maduro, los grupos militares y políticos están divididos, existen grupos terroristas, milicias armadas, el Tren de Aragua, y su economía está en la ruina total.
Su recuperación tardará tiempo. Lo que todos queremos es que la democracia retorne y ese país vuelva a ser grande y próspero como lo fue en su momento. Nos vemos el otro martes.
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