José Domingo Pérez. (Foto: Mario Zapata N. / @photo.gec)
José Domingo Pérez. (Foto: Mario Zapata N. / @photo.gec)

Sucedió lo que hace mucho tiempo debió ocurrir: el jueves, la Junta Nacional de Justicia (JNJ) decidió, por unanimidad, no ratificar en su cargo de fiscal provincial anticorrupción al controvertido abogado . Como se sabe, Pérez saltó a la palestra cuando fue designado a la investigación de la empresa Odebrecht y al caso Los Cócteles de Keiko Fujimori.

Los siete miembros de la JNJ coincidieron en señalar que, debido a varios hechos, el magistrado ‘no alcanzó la convicción positiva para renovarle su continuidad’.

En efecto, Pérez hizo en los dos casos que le tocó investigar lo que jamás debe hacer un fiscal: perdió la rigurosidad e imparcialidad y los convirtió en procesos políticos y altamente mediáticos. Con el tiempo se fueron evidenciando situaciones clamorosas que demostraban su poca objetividad y el abuso de poder contra los investigados.

Pese a que ellos presentaron pruebas, documentos, testimonios, que demostraban palmariamente su inocencia, dicho fiscal los mantuvo investigados, los llevó a juicio oral y varios terminaron presos injustamente.

Este columnista conoce a muchas de esas personas, cuyas vidas, trayectorias profesionales y su situación económica terminaron arruinadas por el capricho y mal proceder de José Domingo Pérez, endiosado, lamentablemente, por la mayoría de los medios de comunicación, políticos de izquierda, varias ONG y organismos de ‘derechos humanos’.

Uno de esos afectados que ha tenido la oportunidad de expresar y dejar testimonio escrito de ese abuso es el empresario Ricardo Briceño, el expresidente de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep). En su libro ‘¿Qué hago yo aquí?’, Briceño narra la tragedia que vivió por la actuación de Pérez.

El fiscal lo denunció de haber recibido —a través de la Confiep— dinero de Odebrecht y recaudado fondos ilícitos y dado un aporte para la campaña de Keiko Fujimori. Todo era falso. Briceño demostró que el dinero que recibió la Confiep no fue para la campaña de la fujimorista y él jamás había recaudado un solo sol para esa candidata.

En la absurda acusación fiscal, Pérez decía que Briceño había recolectado 200 mil soles en un cóctel realizado en su casa ubicada en la calle Las Laderas 429, pero Briceño demostró que jamás había vivido allí. En su propia ficha del Reniec aparecía su real dirección: vivía en Las Laderas 420, pero no en la 429.

Tampoco había hecho aporte alguno a Keiko, sino a su contrincante Pedro Pablo Kuczynski. ¡La denuncia en su contra era un mamarracho!

El día que terminó de declarar, le pidió al fiscal Pérez que le permitiera salir por una puerta auxiliar. No quería exponer públicamente la mala investigación que había hecho su fiscalía. El fiscal lo tomó como una ofensa. Le dijo que saliera por la puerta principal y enfrentara a la prensa.

El calvario de Briceño duró años enteros hasta que la Corte Suprema ordenó excluirlo del proceso.

Otro de los que abusó de su poder fue el fiscal superior Rafael Vela, quien también debería correr la misma suerte. El abuso de poder se paga. Nos vemos el otro martes.

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