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El mediodía del 12 de diciembre de 2017 quedó marcado a fuego en la memoria de la comunidad de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En la Facultad de Psicología, un estudiante de apenas 20 años fue degollado cuando se dirigía a ver sus notas tras culminar el cuarto ciclo.

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La noticia del hallazgo se propagó por los pasadizos. Peritos de criminalística cercaron la zona y agentes de la División de Investigación Criminal (Dirincri) ingresaron rápidamente al pabellón. Las autoridades universitarias impidieron el ingreso de estudiantes mientras se desarrollaban las diligencias.

Erik Arenas tenía solo 20 años cuando fue asesinado por Húber Chacara.
Erik Arenas tenía solo 20 años cuando fue asesinado por Húber Chacara.

El joven era Erik Kevin Arenas Sierra. Según los peritos, presentaba cortes en el cuello y el pecho. El entonces rector Orestes Cachay decidió entregar las cámaras de seguridad y aseguró que quien encontró el cuerpo fue la secretaria de la facultad.

Un día después, la PNP comenzó a recuperar las grabaciones. En ellas se veía a Erik acompañado de un sujeto que vestía jean y una casaca gris con capucha. En paralelo, los investigadores hallaron un mensaje hecho con plastilina en una de las rejas: “Yo soy el asesino”.

“YO LO MATÉ”

Con el avance de las pesquisas, el nombre de Húber Chacara Castro comenzó a tomar forma. Durante su declaración a la policía no solo confesó que asesinó el pasado 12 de diciembre a Erik Arenas Sierra, sino que también reveló que fue el autor del mensaje colocado con plastilina en una de las rejas de la facultad de Ingeniería Química.

Chacara Castro tenía 29 años y conocía muy bien los rincones de San Marcos. Ingresó en 2006 a la carrera de Psicología y estudió en el mismo edificio en el que mató de varios cuchillazos a Erik. Dos años después dejó la carrera, aunque en 2009 pidió una actualización. A pesar de ello, continuaba entrando con frecuencia al campus.

En su perfil de Facebook se autodefinía como “hincha de Universitario de Deportes a muerte y anticomunista”. También escribió: “Me dan asco los niñitos llorones, digo... ¿los rebeldes?”, en referencia a “hippies, metaleros, ‘anarkos’, etc. Según la descripción que brindaba en redes, manifestaba abiertamente posturas homofóbicas.

Los antecedentes policiales no eran recientes. Según archivos de la Policía, tenía denuncias desde 2011 por robo y proxenetismo. Fue acusado por el robo de una laptop y un iPhone; la policía dio con su paradero gracias al GPS de los equipos y cayó en una vivienda de El Agustino junto a Diego Aguilar Olivos.

Húber Chacara Castro.(Foto: GEC)
Húber Chacara Castro.(Foto: GEC)

VOLVIÓ AL CAMPUS

Pero el horror no terminó con la muerte de Erik. El 28 de diciembre de 2017, Chacara volvió a ingresar a la casa de estudios donde cometió el crimen “y no para pedir perdón, sino en búsqueda de una nueva víctima”.

Lizet Linares Cabello, de 26 años, estudiante de la Facultad de Química, se encontraba en el cuarto piso cuando el destino la puso frente a su agresor. El sujeto le infirió cortes en el rostro y en los brazos; le asestó dos certeros cuchillazos, uno en el rostro y otro en la espalda.

Fueron sus gritos de auxilio los que delataron al atacante. Estudiantes y trabajadores de la universidad lograron reducirlo y entregarlo a la Policía. En custodia, confesó ante la Dirincri ser el responsable de ambos delitos.

En un inicio, la Fiscalía solicitó 35 años de prisión por el homicidio calificado. Sin embargo, las pericias psiquiátricas practicadas determinaron que padecía esquizofrenia paranoide y dependencia de múltiples sustancias psicoactivas.

Liset Linares Caballero terminó con el rostro desfigurado. Foto: GEC
Liset Linares Caballero terminó con el rostro desfigurado. Foto: GEC

“DEBÍA MATAR A UNA PERSONA PARA TENER MÁS VIDA”

La Cuarta Sala Penal para Procesos con Reos en Cárcel declaró inimputable a Húber Chacara Castro por el asesinato de Erik Arenas Sierra. Según los magistrados, el procesado sufría “alteraciones del pensamiento delirantes”, hablaba que “debía matar a una persona para tener más vida”, presentaba “alteraciones auditivas (escuchaba voces que le ordenaban matar)” y alteraciones de la voluntad.

Como medida de seguridad, la sala ordenó su internamiento por 20 años en el Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi. Las autoridades del nosocomio deberán remitir cada seis meses un informe sobre la necesidad de mantener la medida de reclusión. Además, fijaron en 80 mil soles la reparación civil a favor de los herederos legales de Erik.

No era el primer fallo de este tipo. El 20 de setiembre de 2018, el Poder Judicial lo declaró inimputable por el intento de asesinato de Lizet Linares Cabello y dispuso un internamiento de diez años, tras concluir que padece psicosis esquizofrénica, trastornos del comportamiento por consumo excesivo de sustancias y personalidad disocial.

“Si yo pudiera hacerle lo mismo que le ha hecho a mi hijo lo hubiera hecho. No me importó en ese rato, aunque sea desgraciarme la vida lo hubiera hecho, pero voy a dejarlo a la justicia”, declaró Fresia Sierra, madre de Erik. También relató que un familiar recibió un mensaje desde el celular de su hijo: “Hola”. Cuando preguntaron “¿Quién eres?”, la respuesta fue: “soy Eric”. Luego le escribieron: “Tú eres el que le ha robado el celular a mi sobrino. Tú eres el que lo mató”. “Y desde allí no le han escrito ya”, contó.

Chacara fue captado por las cámaras de seguridad el día del crimen.
Chacara fue captado por las cámaras de seguridad el día del crimen.

La madre afirmó en aquel momento que temía por su seguridad y la de sus padres. “He recibido algunas llamadas. Eso yo voy a dejar a la Dinincri para que sigan investigando. Yo temo por la seguridad de mis padres, de mí misma. (…) Que me den garantías porque yo no estoy segura si este sujeto ha trabajado solo o tiene otras personas por ahí, cómplices”. También expresó sentirse frustrada porque, según dijo, la universidad no le prestó apoyo.

El caso dejó a San Marcos bajo una sombra que no se disipó con el paso de los días. Un hombre que ingresó como estudiante, regresó como agresor y atacó dos veces dentro del mismo campus. La justicia lo declaró inimputable, pero ordenó que permanezca internado por dos décadas, bajo vigilancia médica, lejos de los pasillos donde comenzó y terminó su historia de violencia.

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