
El estadio Alejandro Villanueva debía ser escenario de una fiesta. La previa del clásico entre Alianza Lima y Universitario de Deportes había convocado a cientos de hinchas en la tribuna sur, donde el aliento suele convertirse en ritual. Pero aquella tarde del 3 de abril, el entusiasmo terminó en caos.
Entre la multitud estaba Freddy Ronnie Cornetero Cueva. Tenía 39 años y, como tantas veces, había llegado para acompañar a su equipo en el banderazo. No era una jornada cualquiera, pero para él sí tenía el mismo significado de siempre: alentar sin condiciones.

Freddy era conocido entre los suyos como un aliancista incondicional. Formaba parte de la barra ‘Ferreñafe Grone’ y encontraba en la tribuna sur algo más que un espacio en el estadio. Era, según quienes lo conocían, su segunda casa.
Esa tarde llegó acompañado de amigos, rodeado de cánticos, bombos y saltos coordinados. El ambiente era el habitual en una previa blanquiazul: intensidad, identidad y pertenencia. Nadie anticipaba lo que vendría minutos después.
“Era aliancista de corazón. Seguía al equipo a todas partes, alentando sin importar las circunstancias. No podía faltar al banderazo de su equipo, sobre todo en la previa de un clásico”, relató uno de sus amigos.
UN ALIANCISTA DE TRIBUNA SUR
Para Freddy Cornetero, el fútbol no era solo un espectáculo. Era una forma de vida. Seguía a Alianza Lima a todas partes y no faltaba a los momentos clave, menos aún a un banderazo previo a un clásico.
Quienes compartían tribuna con él lo describen como alguien presente en cada jornada, involucrado en el aliento y comprometido con los colores. Su rutina incluía ese punto de encuentro donde la hinchada se reconoce y se organiza.
“Para él era un día más de fiesta en Matute, rodeado de quienes vestían los colores de su equipo”, afirmó un testigo.
Los chats encontrados posteriormente en el entorno del caso reflejan la cercanía y la vida cotidiana que llevaba con otros hinchas. Su presencia en Matute era constante, casi una extensión de su día a día.
Aquella tarde, todo parecía seguir el curso habitual. La tribuna sur estaba llena, la música marcaba el ritmo y los asistentes saltaban al compás del aliento colectivo. Freddy era uno más entre cientos, inmerso en esa dinámica que conocía de memoria.

LA ESTAMPIDA QUE TERMINÓ EN TRAGEDIA
El escenario cambió de forma abrupta. En medio de la concentración de personas, una estampida desató el pánico. Empujones, gritos y desorden marcaron el inicio de una situación que rápidamente se volvió incontrolable.
Testigos relataron escenas de desesperación, con personas atrapadas sin poder moverse ni respirar. La presión de la multitud generó asfixia y caídas en cadena. En ese contexto, Freddy Cornetero fue auxiliado por integrantes de su barra.
Lo trasladaron de inmediato a una ambulancia. Sin embargo, el desenlace ya estaba marcado. Según el ministro de Salud, Juan Carlos Velasco, el fallecimiento se certificó dentro de la unidad médica.
El incidente dejó además 47 heridos, de los cuales al menos 39 fueron llevados a distintos centros de salud, entre ellos los hospitales Loayza y Dos de Mayo. Tres de ellos permanecían en estado crítico, mientras otros presentaban lesiones policontusas y heridas punzocortantes.
Las autoridades descartaron inicialmente la caída de estructuras. El brigadier Marcos Pajuelo indicó que no se encontraron daños en la tribuna sur, señalando que se trató de un hecho vinculado a la dinámica de la barra enardecida. Las investigaciones apuntan a que una pelea habría desencadenado la avalancha.
La respuesta fue inmediata. Trece unidades de bomberos y ocho ambulancias del SAMU acudieron a la zona, mientras los hospitales activaban alertas para atender a los afectados.

UNA DESPEDIDA MARCADA POR EL DOLOR
La muerte de Freddy Cornetero generó conmoción entre los hinchas y su entorno más cercano. Su familia hizo un llamado a la solidaridad en medio de una pérdida que califican como irreparable.
Se informó que su cuerpo será trasladado a Ferreñafe, su tierra natal. Allí, lejos del estadio que frecuentaba, será despedido por quienes compartieron su vida fuera de la tribuna.
Alianza Lima expresó sus condolencias y aseguró que activó sus protocolos de emergencia desde el primer momento. También indicó que colabora con las autoridades para esclarecer lo ocurrido y descartó fallas estructurales en el recinto.
La Municipalidad de La Victoria, por su parte, procedió a la clausura del estadio y precisó que no se había autorizado la realización de actividades en el lugar esa tarde.
La historia de Freddy Cornetero quedó marcada por su vínculo con el club que siguió durante años. Su presencia constante en la tribuna sur resume una forma de vivir el fútbol que hoy se recuerda en medio del luto.
Lo que debía ser una jornada de aliento terminó convirtiéndose en una tragedia. Y en ese cambio abrupto, quedó la imagen de un hincha que llegó a Matute como tantas otras veces, sin saber que esa sería la última.
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