
La mañana del jueves 15 de enero, un macabro hallazgo sacudió a San Martín de Porres. Dentro de un colchón abandonado en la intersección de las avenidas Naranjal y Pacasmayo, yacía el cuerpo sin vida de una mujer. El hallazgo activó un operativo policial y abrió una investigación que, días después, permitió ponerle nombre a la víctima.
La Policía Nacional confirmó que se trataba de Jennifer Lisbeth, una ciudadana ecuatoriana, madre de cuatro hijos, que había llegado al Perú el pasado 11 de enero. Su identificación fue posible gracias a un detalle que resistió incluso al abandono: un tatuaje en uno de sus brazos, una corona acompañada del nombre “Ariel”.

Ese tatuaje fue la clave. Un equipo del programa Buenos Días Perú logró ubicar a la pareja de la víctima, quien reconoció de inmediato la marca en el cuerpo. Ariel, su conviviente, confirmó que se trataba de Jennifer Lisbeth y relató que ella había viajado sola al país tras comentarle que había conseguido una oportunidad laboral.
Según su testimonio, la mujer partió desde la región de Guayas, en Ecuador, con destino a Tumbes, y luego abordó un vuelo hacia Lima. El registro del pasaje aéreo, al que tuvo acceso el programa televisivo, consigna solo un boleto de ida, sin retorno programado.
“Solo me dijo que iba a trabajar y que me cuide”, relató el hombre, quien explicó que no conocía mayores detalles sobre el empleo que su pareja realizaría en Lima. Contó también que perdió contacto con ella pocos días después de su llegada al país.
EL TATUAJE QUE ROMPIÓ EL SILENCIO
Fue a través de las noticias que Ariel se enteró del hallazgo del cadáver dentro de un colchón. La imagen del tatuaje con su nombre disipó cualquier duda. El hombre, de oficio mecánico y con escasos recursos económicos, manifestó su intención de viajar a Lima para realizar los trámites necesarios y recuperar los restos de su pareja.
Mientras se confirmaba la identidad de la víctima, las investigaciones avanzaban en otro frente. La Policía detuvo al mototaxista Darwin Cruz Vásquez (43), quien aparece en las imágenes de videovigilancia trasladando el colchón donde fue encontrado el cuerpo.
El hombre confesó que fue contactado por teléfono por un sujeto identificado como Alex, quien le pidió trasladar lo que describió como “la basura de un colchón viejo” desde un inmueble ubicado en el sector Santa Rosa, paradero 10, en Los Olivos, hasta una zona de Huandoy.
El pago acordado fue de 30 soles, pero —según su versión— solo recibió 10 soles en efectivo. El resto, dijo, iba a ser transferido por un aplicativo digital, algo que nunca ocurrió. “Me dijeron que me iban a yapear”, relató ante los agentes policiales.

LA RUTA DEL COLCHÓN Y LOS SOSPECHOSOS
Cruz aseguró que no sabía que dentro del colchón había un cadáver y que creyó estar trasladando un desecho. Sin embargo, tras conocer la noticia del crimen, borró la placa de su mototaxi por temor. Esa acción permitió a la Policía rastrear el vehículo y ubicarlo finalmente en Los Olivos.
En su declaración, el mototaxista señaló que recogió a dos hombres y una mujer, a quienes identificó como Alex, Dark y Adriana. Según la Policía, estas personas habrían participado directamente en el asesinato y actualmente se encuentran no habidas.

Las autoridades han activado coordinaciones en las fronteras de Tumbes y Tacna ante la posibilidad de que los sospechosos intenten salir del país. El caso permanece en investigación a cargo de la Depincri, que busca esclarecer las circunstancias del crimen y determinar responsabilidades.
Mientras tanto, la historia de Jennifer Lisbeth, reconstruida a partir de un tatuaje, un viaje sin retorno y un colchón abandonado, vuelve a exponer la crudeza de un crimen que aún busca respuestas.
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