
El asesinato del conductor Ángelo Manuel Pacheco Matencio, de la empresa conocida como San Bartolo, ocurrido hace unas semanas en Lurín, dejó una escena que llamó la atención de quienes estaban en el lugar: un joven policía llorando frente al vehículo donde yacía la víctima.
Ese agente era el alférez Jhair Andrés Mejía Ruelas, de 22 años, recién egresado de la escuela policial y destacado en la comisaría de Lurín.

Lo que pocos sabían en ese momento es que el motivo de su reacción tenía una explicación personal. Su padre también trabaja como transportista y esa coincidencia lo golpeó cuando llegó a la escena del crimen.
Durante un encuentro en los sets de ATV Noticias con el dirigente José Quispe, de la empresa Santa Catalina, el joven oficial contó lo que pasó por su mente al ver el cuerpo del conductor dentro del vehículo.
“Al momento que llegué al lugar, vi a la víctima en el asiento, pensé en mi padre… por la situación que vivimos ahora, tengo ese miedo, que Dios no quiera que suceda lo mismo con él”, relató.
“IMAGINÉ QUE PODÍA SER MI PADRE”
El alférez explicó que la noticia del fallecimiento del conductor fue el momento más difícil.
“Al momento que recibí la noticia que la persona había fallecido fue imposible no derramar algunas lágrimas, y más aún cuando vi a la familia también recibiendo la noticia”, contó.
En ese instante, dijo, imaginó que su propia familia podía estar pasando por una situación similar.
“Sentí que era mi padre, que capaz era mi familia la que recibía la noticia, y no pude aguantarme las lágrimas”, recordó.
El joven policía explicó que su padre ha trabajado durante años en el transporte público y que gracias a ese esfuerzo él pudo estudiar y convertirse en oficial de la Policía Nacional.
“Gracias al transporte público yo soy policía”, señaló durante la entrevista.

UN ABRAZO QUE CONMOVIÓ
Mientras el alférez trataba de reponerse del impacto, una mujer se acercó para consolarlo.
Según contó, la señora le dio un vaso con agua y papel para secarse las lágrimas. También le dijo que había hecho todo lo posible por salvar al conductor y que no estaba solo.
Ese gesto lo ayudó a tranquilizarse en medio del dolor que sentía en ese momento.
El joven oficial también confesó que vive con el temor constante de que su padre no regrese a casa después de una jornada de trabajo.
“Como cualquier hijo de un transportista siempre tiene ese miedo, por la situación que vivimos ahora, que capaz le suceda a él”, expresó.

Mejía contó que mantiene contacto permanente con su padre durante el día para saber cómo está y si todo marcha bien mientras trabaja.
Durante el encuentro con el dirigente José Quispe, ambos se dieron un abrazo que simbolizó, según dijeron, la unión entre la Policía Nacional y el gremio de transportistas.
Antes de terminar la conversación, el alférez envió un mensaje a su progenitor: “Lo quiero demasiado, espero que le vaya bien todos los días”.
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