
Salió de casa para trabajar y no volvió. Homero David Casas Jara se convirtió en otra víctima de la violencia urbana cuando aceptó un servicio de taxi por aplicativo la noche del 9 de enero. Lo que parecía una primera carrera terminó en un asalto planificado y en un disparo que acabó con su vida en el distrito de Los Olivos.
Según la investigación policial, los delincuentes pidieron el vehículo con un solo objetivo: robar la camioneta que Homero utilizaba para trabajar y que aún estaba pagando. Al llegar a la zona pactada, le dispararon y huyeron con el auto, dejando atrás una escena que horas después sería reconstruida por la Policía.

La alerta se encendió cuando el celular del taxista dejó de responder y el GPS del vehículo fue desactivado. Poco después, Homero fue hallado gravemente herido en el cruce de la avenida Alfredo Mendiola con la calle Paucartambo. Murió en el hospital Cayetano Heredia, mientras su familia empezaba a enfrentar una tragedia irreparable.
La captura de los implicados no fue inmediata, pero sí decisiva. La Policía logró ubicarlos porque continuaron usando el teléfono celular de la víctima, incluso accediendo a sus redes sociales. Esa huella digital condujo a dos inmuebles en Santa Anita y San Juan de Lurigancho.
En total, cinco personas fueron detenidas. Frente a la evidencia, las respuestas llegaron sin rodeos. “¿Qué robaron? Una camioneta. ¿Cuánto te pagaron? Cinco mil soles. ¿Qué hicieron con el cuerpo? Lo botamos. ¿En dónde? En Los Olivos”, responde uno de los criminales sin tapujos ante las cámaras.
LA CONFESIÓN DEL CRIMEN
Durante el despliegue encabezado por el Depincri Santa Anita, los detenidos confesaron su participación y reconocieron ser cómplices de homicidio. Uno de ellos admitió que recibió dinero por el robo del vehículo y confirmó que abandonaron el cuerpo en el mismo distrito donde ocurrió el ataque.
Otro de los implicados fue aún más directo al ser interrogado. “¿Y lo agraviaron? ¿Qué hicieron con él?… ¿Lo mataron? Sí”, respondió, sin intentar justificar el crimen. Las declaraciones cerraron cualquier duda sobre la violencia con la que actuó la banda.
El general Óscar Arriola explicó que la desarticulación fue resultado de un proceso de investigación sostenido. Las labores de inteligencia permitieron reconstruir los movimientos de los sospechosos incluso días después del asesinato, con análisis de huellas y otros elementos criminalísticos.
Como parte de los operativos simultáneos, la Policía cercó inmuebles en Santa Anita, donde se hallaron armas de fuego y evidencias relacionadas con el homicidio, el robo del vehículo y su posterior intento de venta.}

VENDIERON EL VEHÍCULO
Seis días después del crimen, uno de los detenidos, Jesús Alberto Belvesi Gutiérrez, de 31 años, confesó con detalles cómo se perpetró el ataque. Dijo que tomó la carrera por aplicativo en el parque Santa Elvira, llevó a la víctima a Los Olivos, le quitó el carro y le disparó dos tiros.
Ante el interrogatorio policial, también explicó la procedencia del arma. “Me lo prestó un ‘pata’ para robar. No conozco su nombre”, respondió al ser consultado por el general Víctor Revoredo Farfán sobre el arma hallada en la habitación donde se ocultaba en San Juan de Lurigancho.
El relato se completó con el destino del vehículo. “Lo vendimos a un comprador por el Callao, nos dieron 3 mil soles”, declaró, confirmando que el asesinato tuvo como móvil el robo y la posterior venta del auto.
Mientras la Policía continúa la búsqueda de un último integrante para cerrar el círculo, la familia de Homero Casas Jara exige justicia. Recuerdan que deja cuatro niños en la orfandad y piden a la Fiscalía acelerar el proceso. “Estos delincuentes deben darle cadena perpetua”, reclamaron, mientras otro nombre se suma a la lista de asesinatos que golpean a Lima y el Callao en lo que va del 2026.
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