
La tranquilidad de tres familias se quebró en apenas 48 horas. Una banda de secuestradores ejecutó tres raptos en distintos puntos de Lima y exigió fuertes sumas de dinero a cambio de liberar a sus víctimas. Los casos ocurrieron en San Juan de Lurigancho, San Martín de Porres y Los Olivos, y terminaron con un operativo de la División de Investigación de Secuestros de la Dirincri.
La investigación policial permitió establecer que los sospechosos habrían cambiado la extorsión por el secuestro como una nueva modalidad para conseguir dinero rápidamente. Para ello, recurrieron a armas de fuego, vehículos y espacios alquilados que acondicionaron como lugares de cautiverio.
Los montos exigidos a los familiares oscilaron entre los 70 mil y 100 mil soles. En uno de los casos, los delincuentes incluso enviaron una grabación de la víctima arrodillada y encañonada para presionar a sus familiares. En otro, realizaron transferencias desde las cuentas bancarias del empresario mientras permanecía retenido.
El coronel PNP Jorge Carpio, jefe de la División de Secuestros de la Dirincri, explicó que la organización había conformado una estructura para ejecutar los raptos. “Ellos han conformado un equipo criminal dedicado al secuestro... lograron ubicar el lugar de cautiverio y se trataba de un club campestre; en el interior hay una zona habitable... en el subsótano había un lugar preparado por ellos”.

Tres secuestros en menos de dos días
El primer secuestro ocurrió a las 12:44 a. m. del 22 de setiembre, en la cuadra 21 de la avenida Santa Rosa, en San Juan de Lurigancho. Un operario de una empresa minera fue interceptado cerca de su vivienda por sujetos armados, quienes lo obligaron a subir a un vehículo.
Los captores grabaron al trabajador mientras permanecía arrodillado y encañonado y exigieron 70 mil soles a sus familiares. Sin embargo, al no conseguir establecer comunicación con ellos, optaron por sustraerle 2 mil soles de su cuenta bancaria antes de abandonarlo en el puente Atocongo.
El segundo caso ocurrió la noche del 23 de setiembre, en San Martín de Porres. Un repartidor de gas, de 29 años, fue interceptado cuando salía de su centro de trabajo. Los delincuentes lo confundieron con el propietario del negocio y lo golpearon en la cabeza con la cacha de una pistola.
El trabajador fue introducido en la maletera de un vehículo y trasladado hasta un club campestre de Punta Negra. Allí permaneció cautivo durante aproximadamente 14 horas, hasta que sus captores descubrieron que se habían equivocado de objetivo y comenzaron a exigir 100 mil soles al verdadero propietario de la distribuidora.
El tercer rapto y las transferencias
Apenas 19 minutos después, según la investigación, se produjo otro secuestro. A las 8:19 p. m. del mismo 23 de setiembre, un empresario dedicado a la venta de insumos para repostería fue interceptado en la urbanización El Trébol, en Los Olivos.
Tres sujetos armados lo obligaron a subir a un automóvil negro y lo llevaron hasta una habitación alquilada en Comas. El comerciante permaneció retenido durante unas 16 horas, periodo en el que los delincuentes accedieron a sus cuentas bancarias y realizaron siete transferencias.
En total, los sujetos consiguieron mover 61 200 soles. Mientras tanto, los agentes de la Dirincri avanzaban con las pesquisas y ubicaban los lugares que, de acuerdo con la investigación, eran utilizados para mantener cautivas a las víctimas.

Cae parte de la banda en Punta Negra
El primer operativo se ejecutó en un club campestre de Punta Negra. Los policías llegaron hasta el lugar, rescataron al repartidor de gas y capturaron a cinco ciudadanos extranjeros: Joelvy Alexander Cañas Chacón, de 27 años; Yonathan Zivanovich Sánchez, de 20; Israel Araque Farías, de 30; Eduardo Lugo Estrada, de 26; y Thais Yvones Rodríguez, de 26.
Durante la intervención, los agentes incautaron un arma de fuego, municiones, dos motocicletas, seis teléfonos celulares y un vehículo Chevrolet que habría sido utilizado en los desplazamientos de la organización.
El análisis policial estableció que ese vehículo y las mismas armas de fuego que aparecían en las pruebas de vida habrían sido utilizadas en los secuestros del trabajador minero y del repartidor de gas. En las diligencias, Israel Araque Farías reconoció su función dentro de la organización: “Sí, fui chofer”.
Otro de los detenidos, Joelvy Alexander Cañas Chacón, también declaró ante la Policía y reconoció que permaneció vigilando a una de las víctimas. “Estaba custodiando al chico que se encontraba privado de su libertad... Sí, soy consciente”.
Segundo escondite y más evidencias
La operación continuó en Comas, donde los agentes intervinieron un inmueble señalado como otro de los puntos empleados por los presuntos secuestradores. Allí fueron capturados otros tres ciudadanos extranjeros: Jesús Gonzáles Vásquez, Xiomara Moreno Díaz y Rafael Rangel Cortez.
En la habitación utilizada como lugar de cautiverio, los policías encontraron otra pistola y prendas de vestir con manchas de sangre. Los hallazgos hicieron presumir a los investigadores que ese ambiente habría sido utilizado para retener y someter violentamente a las víctimas.
El coronel PNP Jorge Carpio detalló lo encontrado durante la intervención: “Llegamos al lugar de cautiverio, encontró arma de fuego, montículos de ropa preparadas, venezolanos se iban a retirar del lugar... hay muchas prendas con manchadas de sangre posiblemente habían más personas allí”.
Con los ocho intervenidos bajo custodia, la Policía reunió como parte de las evidencias las imágenes de cámaras de seguridad, los registros de transferencias bancarias y los mensajes utilizados para amenazar a los familiares. Carpio señaló que la banda habría cambiado de modalidad delictiva para obtener dinero con mayor rapidez: “Posiblemente esta banda haya querido migrar, cambiar de rumbo y se ha aventurado a cometer secuestros. Estos 3 secuestros en 48 horas lo hayan hecho para encontrar dinero lo más pronto posible”.
Las víctimas rescatadas quedaron afectadas por la violencia sufrida durante el cautiverio. El repartidor de gas presentó un traumatismo craneal y heridas en el rostro producto de los golpes recibidos. Tras recuperar su libertad, contó el temor que todavía siente: “Temor cuando veo moto, no quiero salir de mi casa la policía me acompaña, pero doy gracias a la policía por toda esa gran labor que está haciendo porque me han rescatado... siento que he vuelto a nacer”.
Los ocho detenidos fueron trasladados a la sede de la Dirincri, donde quedaron a disposición de las investigaciones fiscales por los presuntos delitos de secuestro, extorsión, robo agravado y banda criminal. La Policía también investiga si los intervenidos estarían relacionados con otros hechos delictivos registrados en Lima.










