
El tiempo no ha curado la herida. Para Jackeline Salazar, empresaria secuestrada en mayo de 2024, la reciente captura y extradición de Erick Moreno Hernández, alias ‘El Monstruo’, no ha significado el fin del miedo, sino el inicio de una nueva etapa marcada por la inseguridad y la incertidumbre.
A casi dos años del secuestro que la mantuvo once días en cautiverio, Salazar ha solicitado a las autoridades mayor protección policial. Su temor, asegura, se ha intensificado ahora que debe seguir participando en diligencias clave del proceso judicial que enfrenta quien es señalado como el principal responsable de su secuestro.

Aunque tras su rescate contó con resguardo policial, hoy la empresaria solo dispone de seguridad privada. Una situación que considera insuficiente frente al perfil delictivo de Moreno Hernández, a quien identifica como un hombre capaz de todo para lograr sus objetivos.
“Definitivamente, miedo e inseguridad”, expresó Salazar al recordar que su captor es alguien “a quien no le importa nada” y que podría buscar represalias, pese a estar detenido. La sensación de amenaza, confiesa, no ha desaparecido con su encarcelamiento.
ONCE DÍAS MARCADOS POR EL TERROR
El secuestro ocurrió el 13 de mayo de 2024, cuando Jackeline Salazar fue interceptada por una banda criminal. Durante los días de cautiverio, las amenazas eran constantes y llegaban a través de videollamadas en las que se advertía sobre posibles daños contra ella y su familia.
Cada llamada era una sentencia de angustia. “Cada vez que sonaba ese teléfono sabía que llegaban instrucciones para hacer cualquier tipo de daño”, relató. Con el paso de los días, la presión psicológica se volvió insoportable.
La empresaria sufrió ataques de ansiedad tan intensos que llegó a lastimarse los brazos, arrancándose la piel con las uñas en un intento desesperado por aliviar el sufrimiento emocional que la consumía en el encierro.
“Llegó un momento en el que dije: a partir de hoy, lo único que voy a hacer es intentar acabar con mi vida... Yo me arranqué la piel con las uñas... ya no lo aguantaba más”, confesó recientemente en una entrevista con Punto final.
Salazar identificó posteriormente a Erick Moreno Hernández como la persona que impartía las órdenes. Aunque nunca estuvo físicamente con ella, su control se ejercía de forma remota, a través de amenazas constantes que se sentían presentes en cada mensaje.
Cuando los agentes policiales irrumpieron en la vivienda donde permanecía retenida, la empresaria reaccionó con lo último de sus fuerzas. Aún atada, logró sacarse las zapatillas y empujó la puerta con el hombro hasta abrirla, permitiendo el ingreso de los rescatistas.

EL MIEDO QUE NO SE VA
Erick Moreno Hernández fue capturado el 24 de septiembre de 2025 en Paraguay y extraditado al Perú el 28 de enero de este año. Actualmente cumple treinta y seis meses de prisión preventiva en la Base Naval del Callao, investigado por el delito de secuestro agravado, con una acusación que busca cadena perpetua.
Sin embargo, para Jackeline Salazar, ver a su secuestrador enmarrocado y trasladado no fue solo un alivio. Las imágenes removieron emociones que venía trabajando con ayuda psicológica, reviviendo el trauma que aún la persigue.
“Ahora no puedo hacer mi vida normal, tranquila”, confesó. El temor a salir, la constante alerta ante cualquier situación y la sensación de peligro forman parte de su día a día.

Ante el inicio de los procesos judiciales que requerirán su testimonio presencial, la empresaria ha hecho un llamado directo a la Policía y al Ministerio del Interior para que refuercen su seguridad, advirtiendo que su vida podría estar en riesgo.
Su abogado, César Nakazaki Seminario, denunció que la protección estatal se fue diluyendo con el tiempo, al punto de que actualmente no cuenta con resguardo oficial. Por ello, anunció que presentarán pedidos formales ante la Fiscalía, el Poder Judicial y la Policía.
Mientras la investigación avanza, las autoridades señalan a Moreno Hernández como presunto líder de ‘Los Injertos de Lima Norte’, una organización dedicada a extorsiones y secuestros de empresarios. Para Jackeline Salazar, el proceso judicial no solo busca justicia, sino también la posibilidad de volver a vivir sin miedo.
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