
José Alejandro Romero Durán habló cuando ya no había margen para retroceder. Frente a la jueza, con la investigación en curso y el peso de su propia confesión, pidió perdón. “No pido que sus familiares me apoyen, solo que me perdonen. Entré en pánico… que me sentencien muchos años en la cárcel”, dijo durante la audiencia en la que se evaluaba su situación legal.
Su voz, entrecortada, llegó nueve días después del crimen que él mismo reconoció: el asesinato y descuartizamiento de su conviviente, Beatriz Carolina Unpide Borda, en un inmueble de la avenida Bausate y Meza, en La Victoria.

El caso ya estaba marcado por la forma en que intentó desaparecer el cuerpo. Según las investigaciones, utilizó una moledora de carne para ese propósito, luego de haber planificado el crimen presuntamente por celos.
“No pido que sus familiares me apoyen, solo que me perdonen. Entré en pánico. Que me sentencien muchos años en la cárcel”, sostuvo inicialmente
EL PEDIDO DE PERDÓN EN AUDIENCIA
Durante la sesión judicial, Romero Durán rompió en llanto. Admitió haber actuado en un momento de desesperación y pidió ser perdonado por la familia de la víctima.
“No sé qué pasó, entré en desesperación”, insistió, mientras se desarrollaba la audiencia que definiría las primeras medidas en su contra.
La jueza ordenó nueve meses de prisión preventiva en su contra. El plazo se computa desde el 7 de marzo y se extenderá hasta el 6 de diciembre de 2026.
Para entonces, el proceso continuará mientras se determina la responsabilidad final del acusado en uno de los casos que ha generado mayor impacto en los últimos días.
Romero fue detenido un día después del crimen, tras la alerta de vecinos que notaron movimientos sospechosos en la vivienda.
Las autoridades hallaron el cuerpo de la víctima en tres bateas, antes de que el acusado lograra concretar su plan de desaparición total.
FAMILIA EXIGE JUSTICIA Y CADENA PERPETUA
Mientras el acusado pedía perdón, la familia de Beatriz enfrentaba otro tipo de escena. Su madre tuvo que reconocer el cuerpo de su hija y ahora se hace cargo de sus dos nietas, de 7 y 4 años.
La mujer aseguró que, pese al dolor, confía en la justicia. Sin embargo, fue clara en su objetivo: no se detendrá hasta lograr una cadena perpetua contra Romero Durán.
Las niñas, según indicó, se han convertido en su principal motivo para seguir adelante, en medio de una situación que aún no les ha sido completamente explicada.

El entorno familiar también ha planteado dudas sobre la forma en que se ejecutó el crimen. Señalan que el acusado presenta una limitación física que, según ellos, habría dificultado actuar solo.
Por ello, sospechan que pudo haber contado con ayuda, una posibilidad que esperan sea incluida en las investigaciones.
En los exteriores del inmueble, la tensión se hizo evidente cuando familiares y vecinos reaccionaron tras la identificación de allegados del acusado.
El caso continúa en investigación. Mientras tanto, las palabras de Romero Durán quedan registradas como parte de la audiencia en la que, por primera vez, pidió perdón públicamente por el crimen que confesó.
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