
La violencia volvió a teñir de sangre al primer puerto. A solo 48 horas de haberse oficializado el estado de emergencia en Lima Metropolitana y el Callao, una balacera interrumpió los carnavales y dejó tres cuerpos tendidos sobre el pavimento caliente del jirón Atahualpa.
La tarde transcurría entre risas y baldes de agua. Niños y jóvenes aprovechaban la ola de calor para refrescarse en medio de juegos improvisados, cuando el sonido de una motocicleta rompió la rutina festiva.

Dos sujetos irrumpieron en la zona. Sin mediar palabra, abrieron fuego de manera indiscriminada. El estruendo de los disparos obligó a los vecinos a buscar refugio mientras las balas impactaban contra su objetivo.
En la escena, los peritos de criminalística hallaron hasta 22 casquillos de bala, evidencia de la violencia del ataque. Los cuerpos quedaron tendidos en la vía pública, ante la mirada atónita de quienes minutos antes celebraban.
RÁFAGA EN PLENA FIESTA
Según fuentes policiales, dos adolescentes de 15 años llegaron armados hasta el lugar con la intención de atacar directamente a un hombre que se encontraba frente a una quinta, donde varias personas —incluidos niños en una piscina— participaban de las celebraciones.
El objetivo respondió a los disparos. Lo que parecía un ataque directo se convirtió en un intercambio de proyectiles que duró apenas segundos, pero fue suficiente para causar la muerte inmediata de los tres involucrados.
Testigos señalaron que los atacantes dispararon más de 20 veces con armas de guerra antes de huir. Otras versiones indican que llegaron a bordo de una motocicleta y escaparon con rumbo desconocido.
Familiares del adulto protagonizaron escenas de dolor al reconocer el cuerpo antes de la llegada del Ministerio Público. Los parientes de los menores se trasladaron hasta los exteriores del Hospital Daniel Alcides Carrión, donde se confirmó el deceso de los adolescentes.

HIPÓTESIS BAJO RESERVA
Aunque las causas oficiales permanecen bajo reserva, la Policía Nacional del Perú maneja como principal hipótesis un presunto ajuste de cuentas relacionado con el control de la venta de droga en este sector del Callao.
La ausencia de cámaras de seguridad en la intersección de los jirones Atahualpa y García Calderón complica el rastreo de la ruta de escape y la identificación de posibles implicados adicionales.
El hombre que habría sido el blanco del ataque aún no ha sido plenamente identificado por las autoridades. Los investigadores buscan confirmar también el vínculo de los menores con bandas locales.
El caso quedó en manos de la Divincri Callao y de la Comisaría del Callao, que continúan con las diligencias para esclarecer las circunstancias exactas del enfrentamiento armado.
Mientras tanto, el patrullaje en el jirón Atahualpa se ha intensificado. Los vecinos, consternados, evitan transitar por lo que describen como una zona “roja”, escenario de un carnaval que terminó convertido en una escena de guerra.
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