Crimen y castigo: el caso de Myriam Fefer | PARTE 1
Crimen y castigo: el caso de Myriam Fefer | PARTE 1

El 15 de agosto de 2006, la casa de la calle Paul Harris 219, en San Isidro, se convirtió en el escenario de uno de los crímenes que más conmocionó al Perú y que aún hoy sigue capturando su imaginación. Myriam Fefer Salleres, empresaria textil, fue encontrada muerta en su habitación. Estaba tendida en el piso, junto a su cama, con signos de violencia en el rostro y el cuello. Tenía 60 años y había construido una trayectoria empresarial que le permitió alcanzar una posición económica estable.

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Veinte años después, la pregunta sigue ahí, intacta, como una puerta que nunca terminó de cerrarse: ¿quién ordenó matar a Myriam Fefer? Y es que aunque la justicia consiguió sentenciar al hombre que ejecutó el crimen, jamás logró establecer quién estuvo detrás de él.

Myriam Fefer fue asesinada el 15 de agosto de 2006 por el sicario Alejandro Trujillo Ospina alias "Payaso", quien está purgando prisión por este delito. Nunca se conoció quién fue el autor intelectual de este crimen.
Myriam Fefer fue asesinada el 15 de agosto de 2006 por el sicario Alejandro Trujillo Ospina alias "Payaso", quien está purgando prisión por este delito. Nunca se conoció quién fue el autor intelectual de este crimen.

Aquella mañana del 15 de agosto de 2006, el mayordomo Simeón Huarcaya Cancho ingresó al dormitorio de la empresaria para dejarle los diarios. Lo que encontró fue una escena que quedaría grabada para siempre en la historia policial peruana: Myriam estaba tendida en el piso, junto a su cama, con el rostro morado y evidentes signos de violencia en el cuello y el cuerpo.

La necropsia estableció que había muerto por estrangulamiento. También presentaba lesiones que daban cuenta de la violencia sufrida durante el ataque. Sus uñas, largas y pintadas de rojo, estaban rotas. La sangre había quedado en su pijama y en las sábanas. No era la escena de una muerte accidental ni de un simple robo que había terminado mal.

La vivienda tampoco mostraba señales claras de que alguien hubiera irrumpido por la fuerza. Las investigaciones apuntaron desde el comienzo a que el atacante sabía dónde estaba su víctima o había contado con alguna forma de facilitar su ingreso. Esa circunstancia abrió una interrogante que marcaría los siguientes años: ¿cómo había llegado el asesino hasta la habitación de Myriam?

La empresaria había construido una vida acomodada en el rubro textil y residía en una zona exclusiva de San Isidro. En aquella casa también estaban sus hijos, Eva y Ariel Bracamonte Fefer. Ambos dormían en el segundo piso y aseguraron que no escucharon los gritos de su madre.

Myriam Fefer junto a su hija Eva Bracamonte.
Myriam Fefer junto a su hija Eva Bracamonte.

UNA MUERTE QUE DIVIDIÓ A UNA FAMILIA

Después del crimen, la investigación se concentró en el entorno más cercano de Myriam. Las disputas familiares por dinero y patrimonio adquirieron importancia mientras la Policía intentaba determinar quién podía tener un motivo para ordenar el asesinato.

La relación entre ambos ya tenía dificultades y, después del crimen, las diferencias se hicieron más profundas. Hubo disputas por la administración de los bienes familiares y Ariel manifestó sentirse desplazado por Liliana Castro Manarelli, pareja de Eva. Las discusiones llegaron a tal punto que Ariel decidió abandonar la casa. Eva le entregó la parte de la herencia que le correspondía y la relación entre los hermanos terminó quebrándose.

Mientras tanto, la investigación comenzó a mirar hacia el círculo íntimo de la empresaria. La Fiscalía planteó que Eva podía haber tenido un móvil económico y que habría contratado a un sicario para acceder a la herencia de su madre. También fue involucrada Liliana, a quien se atribuyó un supuesto papel como nexo con intermediarios.

Entre los indicios mencionados estuvieron la ausencia de violencia para ingresar a la vivienda, una llamada realizada desde el celular de Myriam cuando ella ya había muerto y un viaje de Eva y Liliana a Argentina. También se habló de una transferencia de dinero desde cuentas de la empresa Sideral hacia un banco argentino. Eva negó haber conversado con quien llamó desde el teléfono de su madre.

Pero el expediente daría un giro decisivo cuando apareció un nombre que terminaría condenado por el asesinato.

Eva quedó en el centro de las sospechas. La Fiscalía sostuvo que podía existir un móvil económico relacionado con la herencia. También fue investigada Liliana Castro Manarelli, pareja de Eva, a quien se atribuyó un supuesto papel de intermediaria. Ambas negaron haber participado en el asesinato.

Ariel señaló a su hermana ante la justicia. Eva, con el paso de los años, sostuvo que su hermano había contribuido a construir una versión que la llevó injustamente a prisión. El enfrentamiento dejó de ser privado y terminó expuesto en los tribunales y frente a las cámaras.

“Mi hermana puede pensar que ella está presa por lo que yo he hecho. Tal vez en parte es cierto. Yo siempre he dicho: ‘Yo no soy el culpable de que mi hermana esté presa’. Pero sí, en parte he colaborado a que la corrupción no la libere”, declaró Ariel.

Eva respondió desde el otro lado de aquella ruptura: “sentí que era alguien desconocido y capaz de todo, que no tenía nada que ver con el hermano que yo conocí hace años. Ni con el que crecí”.

Pero cuando parecía que la investigación giraba alrededor de la familia, apareció desde Argentina un nombre que cambiaría el rumbo del caso.

JUICIO ORAL CASO FEFER. 
SE PRESENTARON A LA AUDIENCIA EVA BRACAMONTE FEFER (HIJA DE MIRIAM FEFER), LILIANA CASTRO MANNARELLI Y EL SICARIO ALEJANDRO TRUJILLO OSPINA. SE PRESENTARON LOS SOBRES LACRADOS CON SUSPUESTOS AUDIOS.
JUICIO ORAL CASO FEFER. SE PRESENTARON A LA AUDIENCIA EVA BRACAMONTE FEFER (HIJA DE MIRIAM FEFER), LILIANA CASTRO MANNARELLI Y EL SICARIO ALEJANDRO TRUJILLO OSPINA. SE PRESENTARON LOS SOBRES LACRADOS CON SUSPUESTOS AUDIOS.

EL ASESINO ‘PAYASO’

Alejandro Trujillo Ospina, un delincuente colombiano conocido como ‘Payaso’, se encontraba preso en Argentina por extorsión cuando empezó a jactarse ante otro interno de haber asesinado a una empresaria peruana. La información llegó a la Policía y luego a los medios.

En julio de 2009, una prueba de ADN terminó de vincularlo con la escena del crimen: la sangre encontrada en las uñas de Myriam correspondía al colombiano. El Poder Judicial peruano solicitó entonces su extradición y Trujillo Ospina llegó a Lima el 27 de abril de 2010.

Sin embargo, ‘Payaso’ no mantuvo una sola versión. Primero habló de un encargo. Después negó haber sido contratado y afirmó que había ingresado a la vivienda para robar. Según su relato, Myriam lo descubrió y se produjo un forcejeo que terminó con la muerte de la empresaria.

El 23 de febrero de 2011 participó en una reconstrucción del crimen. Allí mostró cómo, según su versión, habría trepado una reja, escalado una pared e ingresado por una ventana que daba al baño. La escena volvió a colocar frente a frente a los protagonistas de una historia que llevaba años dividiendo a una familia.

La justicia terminó separando las responsabilidades. En octubre de 2012, la Segunda Sala Penal condenó a Alejandro Trujillo Ospina a 35 años de prisión como autor del asesinato de Myriam Fefer. En esa misma sentencia, Eva recibió 30 años por parricidio, mientras Liliana Castro fue absuelta.

Pero aquella primera sentencia no sería la última palabra para Eva.

Trujillo Ospina prefirió ir a la cárcel y no delatar al culpable del caso Myriam Fefer. Foto: imagen de archivo.
Trujillo Ospina prefirió ir a la cárcel y no delatar al culpable del caso Myriam Fefer. Foto: imagen de archivo.

MÁS CABOS SUELOS

La condena contra Eva fue anulada posteriormente y se ordenó un nuevo juicio. En diciembre de 2015 fue absuelta. Dos años después, la Corte Suprema confirmó esa decisión y ordenó el archivo definitivo del proceso al considerar que no existían pruebas suficientes para destruir su presunción de inocencia.

La sentencia suprema dejó un punto especialmente importante: no se acreditó un acuerdo delictivo entre Eva y Trujillo Ospina. Tampoco pudo establecerse que la llamada realizada desde el celular de Myriam al teléfono de Eva hubiera sido hecha por el asesino.

Y mientras los tribunales cerraban definitivamente el proceso contra Eva, quedaron sobre la mesa otras interrogantes. Algunas evidencias mencionadas durante las investigaciones nunca pudieron ser sometidas a todos los análisis que podían haber ayudado a reconstruir lo ocurrido.

El especialista José Pablo Baraybar cuestionó, entre otros aspectos, la desaparición del pantalón de pijama de Myriam y del elemento utilizado para estrangularla. También señaló que no se practicaron determinadas pruebas biológicas sobre cabellos y sangre encontrados en la vivienda.

Pavel Alvarado, abogado de Liliana Castro, consideró que el pantalón podía haber sido una pieza importante. “La Policía no pudo verificar si la prenda presentaba una huella de forzamiento o rompimiento”, declaró.

Sobre la soguilla, el abogado agregó: “nunca hubo un análisis de la soguilla para establecer el grosor, determinar el largo, la resistencia del material para descartar o confirmar la posibilidad que fue este elemento con el que se asesinó a la víctima”.

También se cuestionó que no se realizara luminol en el baño, donde fueron encontrados pedazos de uñas acrílicas, ni pruebas de ADN sobre sangre ubicada en diferentes ambientes de la casa. La propia inspección policial estableció que la escena había sido contaminada cuando Ariel y el mayordomo se abalanzaron sobre Myriam para intentar auxiliarla.

El resultado fue una paradoja que todavía pesa sobre el caso: la justicia pudo establecer quién mató a Myriam Fefer, pero no consiguió determinar quién puso en marcha el asesinato.

DOS HERMANOS SEPARADOS

Con el expediente archivado para Eva, los caminos de los hermanos tomaron direcciones completamente distintas. Ella reconstruyó su vida en Barcelona, publicó en 2019 el libro ‘Más allá del muro’ y comenzó una nueva etapa lejos de los reflectores que durante años acompañaron su proceso judicial.

Ariel, en cambio, permaneció durante años en Estados Unidos. En 2026 decidió regresar al Perú para volver a mirar el caso desde otra perspectiva. Anunció el pódcast ‘¿Quién mató a mi madre?: El caso Fefer’, con la intención de revisar expedientes, buscar testigos y reconstruir una historia que, para él, todavía tiene una pieza ausente.

“Si no fue mi hermana, ¿quién fue? Yo creo que como hijo tengo el derecho de preguntar quién mató a mi madre. Y quiero que esta persona pague”, dijo Ariel.

Luego del crimen de su madre y tras el distanciamiento de su hermana, Ariel se fue a vivir a Estados Unidos. / FOTOS: MARIO ZAPATA N. / @PHOTO.GEC
Luego del crimen de su madre y tras el distanciamiento de su hermana, Ariel se fue a vivir a Estados Unidos. / FOTOS: MARIO ZAPATA N. / @PHOTO.GEC

La frase resume dos décadas de una historia que comenzó con una empresaria asesinada en su habitación y terminó separando a los dos hijos que aquella mañana quedaron sin madre.

Hoy, Alejandro Trujillo Ospina cumple una condena de 35 años por el asesinato. Eva Bracamonte quedó absuelta y su proceso fue archivado definitivamente. Pero el nombre de quien habría ordenado el crimen nunca apareció en una sentencia.

El 15 de agosto de 2006 quedó registrado en los calendarios como el día en que Myriam Fefer fue asesinada. Veinte años después, el caso conserva una herida abierta: la justicia encontró al ejecutor, pero nunca consiguió responder quién estuvo detrás de él.

Y esa es la pregunta que Ariel ha decidido volver a formular: ¿quién mató realmente a Myriam Fefer?

Crimen y castigo: el caso de Myriam Fefer | PARTE 2
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