
La madrugada avanzaba cuando un patrullero llegó al edificio donde se encontraba Adrián Villar, conductor del vehículo que atropelló y causó la muerte de la campeona Lizeth Marzano. Eran las 5:03 a. m. Las cámaras de seguridad registraron el ingreso de un agente policial al inmueble. Minutos después, salió sin realizar ninguna detención. A las 5:34 a. m., otro efectivo llegó al lugar. Tomó una fotografía del edificio y también se retiró. El accidente había ocurrido pocas horas antes.
La intervención quedó grabada y hoy forma parte central de la investigación que sigue la División de Prevención e Investigación de Accidentes de Tránsito (Divpiat).

Los dos efectivos, identificados como José Serván Noa y John Matencio Arteaga, fueron citados a declarar ante la División de Investigación de Delitos de Alta Complejidad (DIVPIAT).
A su salida de la dependencia policial, decidieron no responder preguntas de la prensa. “Ya di mi declaración”, se limitó a decir uno de ellos.
El silencio no disipó las dudas. El mayor cuestionamiento gira en torno a por qué no se produjo la detención de Villar, pese a que el caso se encontraba dentro del periodo de flagrancia.
Desde el punto de vista procesal, la flagrancia permite a la Policía proceder con la detención inmediata cuando el delito acaba de cometerse o existen elementos evidentes que vinculan al presunto autor.
La Fiscalía busca determinar qué información manejaban los agentes en ese momento, qué acciones realizaron dentro del edificio y por qué optaron por retirarse sin intervenir al joven, quien ya era señalado como presunto responsable del atropello.
INVESTIGACIÓN BAJO LA LUPA
Un coronel de la Policía atendió a la prensa tras las declaraciones de Francesca Montenegro y su padre. Señaló que se realizarán todas las investigaciones necesarias y que los agentes están “prestos a hacer todas las diligencias” para que el proceso siga “por buen camino”.
Sin embargo, periodistas cuestionaron que el caso haya “empezado torcido” ante la falta de claridad sobre la naturaleza de esa visita policial.
La intervención fue incorporada formalmente a la investigación fiscal. Se revisan comunicaciones radiales, partes policiales y registros de cámaras de seguridad del edificio y de las inmediaciones.

Las imágenes muestran que, tras la salida de los policías, Villar abandonó el edificio y tomó un taxi sin ser detenido.
En paralelo, la presencia del coronel Germán Amancio Machuca, jefe de la Divpiat, en la sede policial reflejó la sensibilidad institucional que ha adquirido el caso.
Para la familia de Lizeth Marzano, no solo se trata de establecer responsabilidades por el atropello, sino también de esclarecer qué ocurrió en esas horas posteriores y si hubo alguna omisión.
Mientras las diligencias continúan y los agentes ya rindieron manifestación, la frase “ya di mi declaración” resuena en medio de una investigación que busca determinar si el procedimiento policial se ajustó a la ley o si hubo fallas que deberán ser sancionadas.
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