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Chupaca volvió a sentir el movimiento de la tierra. Dos nuevos sismos registrados la madrugada de este lunes se sumaron al terremoto de magnitud 5.1 ocurrido el sábado, una tragedia que dejó seis personas fallecidas, decenas de heridos, viviendas destruidas y cientos de damnificados. Mientras el Instituto Geofísico del Perú mantiene el seguimiento de la actividad sísmica, en Pumpunya la prioridad sigue siendo otra: despedir a las víctimas y encontrar una forma de empezar de nuevo.

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El Centro Sismológico Nacional del Instituto Geofísico del Perú informó que el primer movimiento ocurrió a las 4:39 de la mañana. Alcanzó una magnitud de 3.4, tuvo una profundidad de 10 kilómetros y su epicentro se ubicó a 13 kilómetros al suroeste de Chupaca.

Sismo de magnitud 5.1 deja cinco fallecidos, 21 heridos y más de 300 damnificados. (Foto: Indeci)
Sismo de magnitud 5.1 deja cinco fallecidos, 21 heridos y más de 300 damnificados. (Foto: Indeci)

Menos de dos horas después, a las 6:35 a. m., se produjo un segundo sismo, también de magnitud 3.4. En esta ocasión, el epicentro fue localizado a 17 kilómetros al sur de la ciudad y a una profundidad de nueve kilómetros. Ambos eventos fueron percibidos con una intensidad de II-III en la escala de Mercalli Modificada.

De acuerdo con los reportes del IGP, estos movimientos forman parte de la secuencia sísmica registrada después del terremoto principal. El presidente ejecutivo de la institución, Hernando Tavera, indicó previamente que durante las doce horas posteriores al sismo de magnitud 5.1 se registraron más de diez réplicas, aunque la actividad muestra una tendencia gradual a disminuir.

PUMPUNYA AFRONTA LAS HORAS MÁS DIFÍCILES

Mientras los especialistas monitorean el comportamiento del suelo, en el distrito de Chongos Bajo la atención permanece centrada en las consecuencias que dejó el terremoto. La plaza principal de Pumpunya reúne hoy dos realidades: es el lugar donde se velan a las víctimas y, al mismo tiempo, un refugio para decenas de familias que no pueden regresar a sus viviendas.

Los féretros permanecen rodeados de flores, vecinos y familiares. A pocos metros se levantan carpas instaladas para albergar a unas 300 personas que optaron por permanecer al aire libre debido a los daños sufridos por sus casas y al temor de nuevos movimientos sísmicos.

Las imágenes registradas en la zona muestran viviendas reducidas a escombros y severos daños en la iglesia de Chongos Bajo, cuya estructura presenta rajaduras y desprendimientos. Durante la cobertura periodística incluso se observaron nuevas caídas de material desde el templo, obligando a mantener distancia por seguridad.

Especialistas explicaron que el nivel de destrucción estuvo relacionado con la poca profundidad del sismo, cuyo foco se ubicó a 24 kilómetros. A ello se sumó que gran parte de las viviendas de Pumpunya fueron construidas con adobe y quincha, materiales que no cuentan, en muchos casos, con refuerzos antisísmicos.

ENTRE LA SOLIDARIDAD Y EL PEDIDO DE APOYO

El balance oficial confirma seis personas fallecidas, decenas de heridos y numerosos daños materiales. Entre las víctimas figuran tres adultos mayores y un adolescente de 17 años pertenecientes al centro poblado de Pumpunya, una comunidad donde prácticamente todos se conocen.

El desastre también alcanzó infraestructura pública. Se reportaron afectaciones en los hospitales Daniel Alcides Carrión y El Carmen de Huancayo, situación que complicó la atención inicial de los heridos durante las primeras horas posteriores al terremoto.

Los familiares de las víctimas también denunciaron demoras para el levantamiento de los cuerpos debido a la espera por representantes del Ministerio Público. Mientras tanto, las familias improvisaron fogatas con restos de madera recuperados de sus propias viviendas para enfrentar las bajas temperaturas características de la zona andina.

En medio de la emergencia, la ayuda humanitaria comenzó a llegar desde Huancayo, Chupaca y otras provincias. Colchones, frazadas, alimentos y ropa fueron trasladados por decenas de personas que acudieron voluntariamente para apoyar a los damnificados.

Entre quienes esperan una pronta respuesta del Estado está el padre del adolescente Jeff Orihuela Urbina, una de las víctimas del terremoto. Además de recordar que perdió a su hijo mientras descansaba en su vivienda, pidió que las promesas de ayuda se traduzcan en acciones concretas para una población que hoy enfrenta la pérdida de familiares, hogares y pertenencias.

Mientras tanto, Chupaca continúa registrando movimientos sísmicos y Pumpunya intenta reconstruir su rutina entre el duelo, las réplicas y la solidaridad de quienes llegan para tender una mano.

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