
Hay un mal que ha entrado en nuestras vidas en silencio, como un ladrón en la noche mientras todos duermen. La salud mental nos está acechando, perjudicándonos y minándonos por dentro; es momento de encontrar una solución.
La psicóloga Jimena Guevara nos revela datos escalofriantes e índices preocupantes, pero también nos instruye para reconocer a un ser humano en peligro y nos aclara cómo poner freno a este “enemigo” silencioso.
Doctora, ¿en qué instante pasamos a “convivir” con la depresión?
Durante la pandemia murieron más de 200 mil personas. Esas pérdidas golpearon a las familias y generaron cuadros depresivos profundos.
¿Qué más nos dejó ese virus?
Un incremento del 10 % en la pobreza. Las personas que cayeron en esa situación económica enfrentan nuevas preocupaciones, lo que ha derivado en nuevos dolores emocionales.
¿Cuál es el riesgo de padecer estas enfermedades?
Según el Ministerio de Salud (MINSA), una de cada tres personas ha sufrido un trastorno mental o está en riesgo de sufrirlo.
Eso es sumamente grave...
Es hora de que el Gobierno priorice la salud mental. Quien asuma el mando en las próximas elecciones debe tenerlo en la mira.
¿Cómo se manifiesta una persona con estos problemas?
Presenta una tristeza permanente y pierde el interés en actividades que antes disfrutaba mucho. También sufre variaciones en su apetito y en sus hábitos de sueño.
¿Podría darnos ejemplos?
Si a alguien le gustaba jugar sus “pichanguitas”, deja de hacerlo porque le parece aburrido. Deja de comer o come en exceso. Duerme demasiadas horas y se queda encerrado en su habitación, totalmente a oscuras.
¿Algo más?
El sentimiento de inutilidad es un síntoma claro de que alguien puede estar enfrentando un diagnóstico de depresión.
¿Tiene algo que ver que la generación actual, en su mayoría, no desee tener hijos?
Sí, además del factor económico. Por una parte, hay un gran sector juvenil que entiende lo complicado que es sostener una familia; por otra, existe un pesimismo generalizado por el futuro del mundo.
Los chicos podrían estar pensando: “¿Para qué voy a traer hijos a un mundo que está cada vez peor?”
Es muy probable que hayan llegado a esa conclusión.
¿Qué rutas debe seguir el Estado para enfrentar estas enfermedades?
Hay dos grandes caminos que se deben transitar en paralelo: combatir la inseguridad y la falta de empleo, y ampliar los Centros de Salud Mental Comunitaria. Solo hay cerca de 200 en el país y la gente aún percibe que ir al psicólogo es un privilegio.
¿En resumen?
Lograr que la salud mental sea de acceso público y universal.
¿Y en los colegios?
Muchos centros educativos no cuentan con psicólogos. Lo mínimo indispensable es que haya uno en cada colegio.
A veces creemos que los niños, al no cargar con problemas del hogar, no se estresan.
Eso es un mito. Ellos también sufren este mal y, en su caso, es más complejo porque muchas veces no saben o no pueden expresar lo que sienten.
¿Cómo podemos percatarnos de que un niño está estresado?
Hay que observar cómo juegan, cómo dibujan y cómo se interrelacionan con otros niños.
¿Alguna señal específica?
Ver si un pequeño, al jugar, muestra actitudes agresivas como golpear o jalar el cabello.
¿Algo más?
En sus dibujos, por ejemplo, hay que estar atento a trazos dolidos o violentos, como puede ser los dientes o las uñas grandes y triangulares”
¿Otra característica?
Si el niño ya es grande y vuelve a orinarse en la cama (enuresis).
¿Un adulto estresado es un peligro latente?
Es una bomba de tiempo. El suicidio es una de las cinco principales causas de muerte entre los jóvenes.
Debemos estar alerta.
La depresión es una pandemia silenciosa y el suicidio es su consecuencia más trágica.
Muchas gracias.
A ustedes por la oportunidad de visibilizar este tema.









