Hay que estar al ritmo del avance de la tecnología
Hay que estar al ritmo del avance de la tecnología

El rugido del fuego en una planta industrial no suena como un incendio común; es el eco de una operación que se detiene y de vidas que se ponen en jaque. A diferencia de un siniestro doméstico, aquí las llamas se alimentan de procesos químicos, fajas transportadoras y lubricantes, convirtiendo la emergencia en un rompecabezas de ingeniería donde cada segundo de inacción cuesta millones y, trágicamente, historias humanas.

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Las cifras del INDECI no mienten y dibujan un panorama sombrío: más de 4,400 incendios industriales y urbanos entre 2019 y 2022. Detrás de esos números hay 21,000 personas que vieron su entorno transformarse en cenizas. No es solo infraestructura colapsada, es el corazón de la economía nacional —la minería y la manufactura— sufriendo infartos operativos que paralizan cadenas de suministro enteras.

En las entrañas de la tierra, el peligro se multiplica. La tragedia de la mina La Esperanza en 2023, con 27 almas perdidas por un cortocircuito, permanece como una herida abierta en la memoria de Arequipa. Allí, donde el humo y los gases se convierten en trampas mortales en galerías subterráneas, quedó claro que los estándares de seguridad actuales aún tienen brechas letales por cerrar.

El ingeniero Gonzalo de la Puente lo resume con una crudeza necesaria: en la industria no hay “tallas únicas”. La protección contra incendios no puede ser un manual genérico comprado en una librería; debe ser un diseño artesanal basado en la ingeniería de riesgos. Cada planta es un organismo vivo con venas de combustible y nervios eléctricos que requieren un blindaje a medida.

Sin embargo, el avance tecnológico de nuestras industrias choca frontalmente con un muro de papel antiguo. Es alarmante que el marco normativo principal, el Decreto Supremo N.º 42-F, date de 1964. Mientras las plantas modernas operan con inteligencia artificial y procesos automatizados, la ley que debería protegerlas parece una reliquia de una era industrial que ya no existe.

Los sectores que han intentado modernizarse, como el de hidrocarburos, no están exentos del susto. El incendio en la refinería de Talara en 2023 sirvió como un recordatorio de que, incluso en las joyas de la corona energética, la complejidad de las operaciones de gran escala puede desbordar los protocolos si no existe una inversión constante en sistemas robustos y brigadas de élite.

Mariana Barrios, gerente general de Enginzone, advierte que el impacto es sistémico. Una planta paralizada no es solo un problema de la gerencia; es un golpe al desempeño económico del país. En sectores estratégicos, el fuego tiene la capacidad de detener el motor de la nación, afectando desde el empleo local hasta las exportaciones que sostienen nuestra estabilidad financiera.

Ante este escenario de urgencia y obsolescencia normativa, la mirada se posa en mayo de 2026. El V Expofuego Congreso Internacional & Expo se perfila no solo como un congreso, sino como el punto de inflexión necesario para que ingenieros y reguladores actualicen sus herramientas. El objetivo es claro: que la próxima vez que salte una chispa, la ingeniería de vanguardia sea más fuerte que la voracidad de las llamas.

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