
UNA TROME DE LA CONSTRUCCIÓN. Para Nicolaza, abrir una ferretería no era un negocio más; era la oportunidad de cambiar su vida.
Llegó muy joven a Lima desde su natal Áncash y empezó a trabajar en todo lo que pudo, desde ayudar a su tía en su emprendimiento hasta como personal de limpieza.
Sin embargo, cuando se enteró de que estaba embarazada, supo que era el momento de dar rienda suelta a su sueño: tener algo propio.
En 1997, junto a su esposo, fundaron una pequeña y modesta ferretería en Canto Grande.
Tenían como máximo dos unidades por cada producto y, durante los primeros años, se levantaban de madrugada para cargar arena gruesa y piedra chancada, que posteriormente transportaban en un triciclo.
“Tengo dos recuerdos muy presentes: uno es que el primer día vendimos 11 soles, lo que nos alegró mucho; el otro es que, un día después de abrir las puertas, llegó personal municipal por unos papeles, lo que nos intimidó”, recuerda doña Nicolaza. Y es que el local era alquilado y, ante los constantes problemas, tuvieron que buscar otro lugar donde recomenzar.
Esta vez se fueron a Lima Norte. Este cambio les devolvió la tranquilidad, pero también significó un nuevo inicio. “Llegamos acá cuando no había agua, luz ni desagüe”, subraya.
Pese a las necesidades y tropiezos, no se dejó vencer y cada fin de semana vendía comida en la ferretería para reunir capital y resurgir.
“Ofrecía chicha de jora y caldo de gallina o de cabeza”, cuenta con lágrimas en los ojos al recordar los sacrificios que hizo.
Como la zona no estaba urbanizada, la pareja también aprovechaba los domingos para acercarse a los terrenos y ofrecer sus productos.
“Así empezamos a captar clientes”, apunta. Con el paso de los años, ha logrado mantenerlos gracias a sus buenos precios y atención.
En este camino ha estado presente Progresol, cuyas asesorías orientaron a esta familia a ver oportunidades donde parecía que todo estaba perdido.

Cinco tips para organizar mejor tu almacén
Clasifica por categorías.
Agrupa la mercadería según su uso o tipo para facilitar la ubicación, reducir los tiempos de búsqueda y mantener el orden en tu negocio.
Etiqueta todo.
Rotula tus productos con nombres, medidas o códigos en estantes y cajas. Podrás identificarlos más rápido y sin confusiones.
Ubica lo más vendido al alcance.
Sitúa aquello de mayor rotación a la altura de las manos para agilizar la reposición y mejorar la atención.
Usa cajas apilables y transparentes.
Así aprovechas mejor los espacios, proteges la mercadería y visualizas el contenido sin necesidad de abrirlas.
Libera los pasillos.
Deja las áreas de tránsito despejadas para facilitar el desplazamiento, prevenir accidentes y agilizar las tareas del almacén.










