
‘Hay que vivir para contarlo’, como diría el genial Gabriel García Márquez. En las entrañas de la Residencial San Felipe, una mujer empapada de leyes inició una lucha; se unió a quienes, como ella, sentían la necesidad de exigir, reclamar y organizarse. Angela Caballero es presidenta y fundadora de la Coordinadora Nacional Pro Derechos de la Familia Neurodiversa. Ella no desmaya en su labor para que muchos, como su hijo, reciban la atención debida y el trato que merecen. Es una forma de ayudar ayudándose.
Angela, ¿Cómo fue recibir la noticia de que tu niño era autista?
En general, cuando recibes el diagnóstico, te lo dan de una manera inhumana.
¿Y en tu caso?
El doctor me lo dijo. Le pregunté qué debía hacer, le pedí que me explicara de qué se trataba todo esto, y me respondió con una interrogante: ‘¿Qué más quiere que le diga?’.
¿Por qué sucede eso?
No hay capacitación sobre el tema y no se dan cuenta de que no todas las personas reaccionan igual ante la noticia.
¿Cuál fue tu reacción?
Yo viví un proceso de duelo.
¿Cómo fue eso?
Durante todo un día no quise hablar con nadie; necesitaba pensar. Todo esto te despierta una profunda tristeza.
Luego de esa reflexión, toca pensar en qué sigue.
No hay presupuesto que cubra las urgencias de las personas con esta condición; ni siquiera en los seguros privados.
¿Cuánto cuesta una sesión con un psicólogo?
Te cuesta cien soles la hora.
¿Entonces?
Hay que fortalecer el presupuesto para que el Estado brinde la atención debida.
¿Qué más falta?
La ley dice que debe haber un psicólogo en cada colegio, pero de los cincuenta y cinco mil que existen, solo un mínimo cuenta con uno.
¿El Estado ofrece algún apoyo?
Hay un presupuesto de veinte soles por niño en esta situación, y eso es nada. Las medicinas son caras. En mi caso, debo tener un mínimo de dos trabajos para sacar adelante a mi hijo.
¿Existen los colegios inclusivos?
Aceptan que lo matricules, pero te preguntan si puedes traer una ‘maestra sombra’. Eso no debería ser una exigencia.
Quisiera volver al principio, a cuando te dieron la noticia.
Me desconecté un día. No fue caer en depresión, sino sufrir un «bajón» emocional.
¿Cómo definirías esa sensación?
Como dejar de ir al trabajo o no querer ni bañarte.
Hablas como una psicóloga.
Soy abogada especialista en derecho tributario y aduanero, pero cuando se trata de tus hijos, haces lo que sea.
Cuéntame de él.
Mi hijo aprendió a escribir a los cuatro años mirando tutoriales de YouTube. Tiene memoria fotográfica. Un día fuimos de compras, él se grabó el camino y volvió solo siguiendo exactamente la misma ruta; incluso hizo su propia compra.
¿Qué más nos puedes decir?
Responde sin filtros; no es «políticamente correcto».
¿Un ejemplo?
Él se prepara sus propias pizzas. Cuando vino su maestra, él se cocinó una y ella le dijo: ‘¿Me invitas?’. Al instante respondió: ‘No’.
¿Es cariñoso?
Con su papá, mamá, hermano, abuelo y su nana. Mira a alguien y siente la «buena vibra». Es como si tuviera la intuición altamente desarrollada.
¿Te gusta que los llamen «personas con habilidades especiales»?
Yo uso el término «neurodivergente».
Cuéntame de la organización que presides.
Somos padres de distintos sectores de Lima y del interior del país.
¿En resumen?
Es una lucha por el derecho de nuestros hijos.
Felicitaciones por tu labor.
Gracias a ustedes por dar a conocer lo que venimos haciendo y exigiendo.









