
El 31 de octubre de 1925, en el edificio de El Comercio, el poeta José Santos Chocano disparó al periodista Edwin Elmore. Dos días después, el 2 de noviembre, el académico murió. Desde entonces, el episodio ha sido contado como anécdota o como nota al pie de un episodio histórico-literario. Poco se ha dicho, en cambio, sobre todo lo que empujó ese disparo.
En “Chocano o la vida nómade”, Mario Pera vuelve a ese momento no para absolver ni condenar, sino para entender. La novela se interna en la vida errante de “El cantor de América”, en su relación con el poder, pero también en la fragilidad emocional de Elmore, un intelectual atravesado por el resentimiento histórico contra su padre y la decepción política.
¿Cómo nace la idea de escribir “Chocano o la vida nómade”?
Siempre se ha contado esta historia desde lo anecdótico: la pelea, el disparo o el poeta que mata a un periodista. Todo se ha quedado en los datos históricos. Yo vi ahí un filón narrativo, una historia que daba para ser novelada y para explorar lo humano detrás del hecho.
Yo me topo con un libro de Luis Bernascone, un joven poeta iqueño que había vivido en Europa y regresa al Perú en los mismos años que Chocano; y él se hace amigo de Chocano, aunque se enemistan por un premio de poesía. A partir de ahí empiezan intrigas, ataques desde la prensa, y eso me permite entender el clima previo al crimen.
Ahora bien, vamos con la víctima, Edwin Elmore le escribió unas cartas a sus hermanas que vivían en Londres.
Ellas habían comentado que lo sentían distante, poco afectuoso, y había cierto resentimiento. Una de las hermanas intenta reunirlos y él empieza a escribir estas cartas que, paradójicamente, nunca llega a enviar. Ahí él se muestra completamente vulnerable. Me doy cuenta de que estaba muy afectado por el tema del reconocimiento a su padre. Sentía que el Estado peruano no le había dado el lugar que merecía tras su muerte. Consideraba que, si lo había reconocido la universidad o alguna institución pública, pero para él no era suficiente para alguien que había dado su vida por el país.

¿Ese malestar se conecta con sus ideas políticas?
Totalmente. Él buscaba unir ideas políticas, promover un encuentro iberoamericano, no solo latinoamericano, también con España. Viaja a Europa, insiste, propone, pero nadie le hace caso. Regresa al Perú y siente que ni siquiera sus amigos ideológicos entienden la trascendencia de lo que plantea.
Viaja mucho, incluso dejando a su esposa embarazada en Lima. Llega a un punto en el que siente que el Perú ya no es tierra fértil para él. Surge entonces la idea de partir a Italia. Todo eso ocurre justo antes del enfrentamiento con Chocano.
Una de las heridas centrales es la acusación contra el padre de Elmore, sobre todo cuando Chocano lo llama por teléfono y le pregunta si está hablando con el hijo del traidor de la Guerra del Pacífico.
Así es. Teodoro Elmore fue un ingeniero peruano, docente de la actual Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Durante la Guerra del Pacífico, Bolognesi le encomienda la misión de minar los alrededores del Morro de Arica. Era la segunda guerra moderna donde se usaban minas antipersonales. El trabajo se dividió entre cuatro ingenieros. El padre de Elmore estaba minando cuando una mina explota, muere su compañero y él queda atrapado por una avanzada chilena. Le exigen que revele la ubicación de las minas a cambio de su vida, pero él se niega rotundamente.
¿Llega a hablar con Bolognesi?
Sí. Los chilenos lo envían para convencerlo de rendirse. Bolognesi se niega. Elmore padre le advierte por dónde cree que entrará el ataque chileno, pero no le hacen caso. Luego es enviado prisionero a San Bernardo, cerca de Santiago.
¿Cuándo surge esta acusación de traición?
Cuando otros prisioneros llegan y le cuentan que en Lima lo acusan de traidor porque no lo habían matado en Chile. Al volver al Perú, él mismo exige que el Estado le abra un juicio para limpiar su nombre. Demuestra su inocencia: donde él minó fue donde más explotaron las minas.
Aun así, la estigmatización continúa…
Sí. Esa sombra persigue a la familia durante años. Para Edwin Elmore, el golpe más duro es que su padre no reciba las exequias que él consideraba propias de un héroe patrio.
Y después que Chocano lo llame “hijo del traidor de Arica”.
Llamarlo “hijo del traidor de Arica” no es casual; Chocano sabía que eso le dolía. Ahí hay una provocación consciente.
José Santos Chocano: Un poeta violento
La personalidad de Chocano, como la expones en el libro, es de una persona malgeniada y ególatra.
Eso mismo me preguntó el editor de este libro. Y sí, por los testimonios, era así. Era intenso y pesado. Si le caías bien, podía ser encantador. Pero si le caías mal, y más aún si te declaraba enemigo, te la tenía jurada.
Además, estaba acostumbrado al uso de armas, lo cual era muy común en la época.
Desde adolescente su padre le enseñó a disparar. Iba al Club de Revólver Peruano, se mantenía entrenado. No iba a dudar en usar la pistola si se sentía intimidado, ya había tenido incidentes armados en Centroamérica, sobre todo en Costa Rica. Hasta con los más “plantados” se batía a duelo. Además, era provocador, pomposo y le gustaba exhibirse.
¿Cómo fue este encuentro final entre José Santos Chocano y Edwin Elmore?
Ese día Chocano va a la imprenta Minerva, que iba a inaugurar José Carlos Mariátegui. Sabía que iban a ir estudiantes de la Federación Universitaria del Perú, entre ellos Elmore. Sale, toma un taxi pese a estar cerca, recuerda unos recortes que quería dejar en El Comercio, se baja y entra al diario.
En las escalinatas ve bajar a Elmore con otro periodista. No se conocían personalmente. Elmore lo reconoce y le dice: “Así que usted está aquí, ha venido por mí”. Chocano entiende que “ahí se va a armar”.
Chocano siempre sostuvo que no lo quiso matar…
Así es. Dice que intentó primero defenderse con los puños, luego con el bastón, y recién después saca la pistola. Según Chocano si lo hubiera querido matar, lo habría hecho: era un tirador experimentado. Elmore no muere en el acto, sino en el Hospital Italiano.
¿Cómo logras abordar el juicio en la novela?
Lo trato sin tecnicismos. El juicio fue sumario, duró unos 14 o 15 días. Había testigos, peritajes y todo era bastante claro. Chocano obtiene una sentencia favorable.
PREMIOS LITERARIOS
Me llama la atención cómo operaban los premios literarios en esa época, sobre todo a partir de lo ocurrido con el poeta Berninsone, a quien Chocano no le otorgó el primer lugar en un concurso porque ya se le había pagado para que el premio recayera en otra persona. ¿Qué papel juegan las disputas literarias?
Eso fue clave. Berninsone, molesto con Chocano, empieza a atacarlo desde la prensa junto a periodistas de El Tiempo. Hoy, tal vez, lo llamaríamos bullying: había notas burlonas, seudónimos y hostigamiento constante.
Las maniobras alrededor de los premios existen desde siempre. Y lo peor es cuando alguien escribe o adapta un texto solo para agradar al jurado. Eso es dejar de lado la poesía.
¿Crees que eso sigue ocurriendo actualmente?
Totalmente. En el Perú hay pocos premios y pagan poco, pero en otros países hay más dinero y más intriga. Al final, muchas publicaciones se explican más por contactos que por calidad.
Hablando de eso, ¿cómo ves la poesía peruana actual?
Estamos un poco huérfanos de padres poéticos. Hay pocas figuras tutelares. Aun así, hay honrosas excepciones, como Carlos López Degregori, un gran poeta, prudente y serio.
Además, he leído críticas contra Jorge Pimentel por ganar el Premio Nacional de Poesía. ¿En serio, esos críticos creen que un poeta como Pimental que ha dado mucho a la poesía peruana desde Hora Zero hasta la actualidad no se merecía el premio? Se lo merecía hace tiempo.
¿Qué te interesaba dejar en claro con esta novela?
Que esto no fue solo un arrebato ni una anécdota literaria. Fue el choque de dos personalidades quebradas, de una violencia que venía acumulándose durante años, y de un país que no supo leer a tiempo sus propias fracturas.
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