El despegue no fue solo una operación técnica. Fue el inicio de un nuevo capítulo en la exploración espacial. Este miércoles, el cohete Space Launch System (SLS) partió desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, poniendo en marcha la misión Artemis II, el primer viaje tripulado hacia la Luna en más de cinco décadas.
A bordo de la nave Orion viajan cuatro astronautas: Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. Durante diez días, recorrerán miles de kilómetros más allá de la Luna antes de regresar a la Tierra, en una misión que busca sentar las bases para futuros alunizajes.
El lanzamiento se realizó desde la plataforma 39B, el mismo punto desde donde partieron históricas misiones Apolo. La operación se concretó dentro de la ventana prevista, en una jornada que concentró la atención global por tratarse de un paso clave en el retorno humano al satélite natural.
Minutos después del despegue, la nave alcanzó la órbita terrestre. En ese momento comenzó un plan de trabajo intenso para la tripulación, que deberá ejecutar múltiples pruebas y maniobras durante todo el viaje.
El equipo no solo representa un avance técnico, sino también simbólico. Christina Koch se convierte en la primera mujer en participar de una misión lunar, mientras que Victor Glover es el primer astronauta negro en este tipo de expedición. A ellos se suma Jeremy Hansen, el primer no estadounidense en integrar un viaje de esta naturaleza.
El comandante de la misión es Reid Wiseman, ex capitán de la Marina de Estados Unidos y veterano de la Estación Espacial Internacional. Junto a él, la tripulación combina experiencia y nuevos hitos dentro del programa Artemis.
Antes del despegue, la directora del lanzamiento, Charlie Blackwell-Thompson, dirigió un mensaje a los astronautas, destacando el carácter histórico del viaje y el simbolismo que representa para una nueva generación.
Durante el primer día, los tripulantes deberán revisar de manera exhaustiva todos los sistemas de la nave Orion, incluyendo el suministro de agua, el sistema de eliminación de dióxido de carbono y los equipos de comunicación. También realizarán maniobras de prueba para futuras operaciones de acoplamiento.
A diferencia de las misiones Apolo, Artemis II no contempla un alunizaje. La nave realizará un sobrevuelo de la Luna: se internará miles de kilómetros más allá de ella, girará y emprenderá el retorno directo a la Tierra.
El segundo día marcará un momento clave con la inyección translunar, que colocará a Orion en trayectoria hacia la Luna. A partir de ese punto, la misión avanzará con correcciones de ruta, pruebas de sistemas y actividades científicas.
En el sexto día, la nave alcanzará su punto más cercano al satélite natural. La tripulación registrará imágenes y videos, además de realizar observaciones en tiempo real. También se espera que puedan superar el récord de distancia alcanzada por humanos en el espacio profundo.
El regreso comenzará tras salir de la influencia lunar, con varias maniobras para ajustar la trayectoria. Finalmente, en el décimo día, la cápsula amerizará en el Océano Pacífico, donde será recuperada por equipos de la NASA y la Armada de Estados Unidos.
El lanzamiento no estuvo exento de tensión. Momentos antes, los técnicos tuvieron que resolver un problema con un sensor de temperatura y un inconveniente en el sistema de comunicaciones. Sin embargo, no se registraron contratiempos mayores que impidieran la partida.
Artemis II es la segunda misión del programa Artemis, tras un vuelo no tripulado realizado en 2022. Su objetivo es preparar el camino para futuras misiones que buscarán volver a poner a un ser humano en la superficie lunar en los próximos años.
Con este despegue, la NASA retoma una ruta que permaneció detenida por más de medio siglo. Esta vez, con una misión que no solo mira a la Luna, sino también a los siguientes pasos en la exploración del espacio.
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