TROME | El drama de los peruanos deportados al Congo por EE. UU. Video: Panamericana
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La política migratoria de Estados Unidos sumó un episodio que ha encendido las alertas en la región. Un grupo de ciudadanos latinoamericanos, entre ellos cuatro peruanos, fue trasladado sin previo aviso a África, en una decisión que rompe con los esquemas habituales de deportación y deja más preguntas que respuestas.

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El destino fue la República Democrática del Congo, un país lejano no solo en distancia, sino también en condiciones sociales y económicas. El traslado se dio en medio de un endurecimiento de medidas impulsadas por la administración de Donald Trump, que optó por enviar a los migrantes a un tercer país en lugar de retornarlos a sus lugares de origen.

(Photo by JOHAN ORDONEZ / AFP)
(Photo by JOHAN ORDONEZ / AFP)

La falta de información previa marcó todo el proceso. Según el testimonio recogido por el programa Panorama, los afectados no sabían a dónde serían enviados hasta que ya estaban en marcha. La incertidumbre, sumada a la distancia, agravó su situación desde el primer momento.

Uno de ellos es Juan Marcos Soria, peruano de 30 años, quien relató que fue intervenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) sin conocer su destino final. “No me notificaron ni el día ni la hora. Solo una vez me notificaron que ya habían encontrado un tercer país para deportarme”, señaló.

TRASLADO SIN RETORNO

El viaje fue largo y marcado por medidas de seguridad extremas. Soria contó que permaneció encadenado durante todo el trayecto, sin posibilidad de liberarse ni siquiera para necesidades básicas. El traslado incluyó varias escalas y se extendió por más de veinte horas hasta llegar a África.

“El traslado fue totalmente encadenado. No hubo ningún momento de liberación, ni para ir al baño. Era totalmente encadenado, tanto las manos, la cintura y los pies”, indicó.

En total, quince personas integraban el grupo: tres ecuatorianos, cuatro peruanos y el resto colombianos. Todos compartieron la misma incertidumbre y las mismas condiciones durante el desplazamiento.

Al llegar a las inmediaciones de Kinshasa, la realidad fue aún más dura. Los migrantes fueron alojados en espacios restringidos, con movilidad limitada y bajo recomendaciones de no salir al exterior por razones de seguridad.

Las condiciones del entorno complican cualquier intento de adaptación. Según el testimonio difundido, las calles no están pavimentadas, no hay acceso a agua ni desagüe, y la pobreza es evidente. A esto se suma la barrera del idioma, que dificulta la comunicación en un país cuyo idioma oficial no dominan.

“No es que salgamos a la calle y podamos caminar o pasear, porque es demasiado peligroso afuera”, relató Soria, quien también describió el impacto emocional de llegar a un lugar completamente desconocido.

“Afuera es literalmente extrema pobreza, que las calles no están pavimentadas, no hay agua y desagüe tanto en las calles”, relató.

“NO NOS OLIVIDEN”

El caso se enmarca en una estrategia más amplia de control migratorio. De acuerdo con cifras citadas por Panorama, basadas en un informe del Senado estadounidense, el gobierno destinó alrededor de 40 millones de dólares para ejecutar deportaciones hacia terceros países.

Especialistas advirtieron que este tipo de medidas plantea serias implicancias en el derecho internacional. Uno de ellos señaló que las decisiones unilaterales de potencias como Estados Unidos pueden terminar subordinando las reglas del derecho internacional de los derechos humanos.

También se explicó que la aceptación del Congo como país receptor respondería a factores económicos. Según un analista, el país africano necesita apoyo financiero, lo que habría facilitado este tipo de acuerdos.

Desde el Perú, el Ministerio de Relaciones Exteriores informó que tuvo conocimiento del traslado en el marco de un acuerdo bilateral y precisó que estas medidas se aplican a personas con procesos migratorios en curso, mientras se resuelven solicitudes de asilo o refugio.

Mientras tanto, los peruanos permanecen en una especie de limbo. No pueden desplazarse libremente, no cuentan con condiciones para trabajar ni integrarse, y dependen de gestiones diplomáticas para una eventual salida.

El pedido es claro: regresar al Perú. Para ello, necesitan salvoconductos que les permitan abandonar el Congo. “Que no se olviden de nosotros”, pidió Soria en el reportaje, en medio de una situación que aún no tiene una solución definida.

El 17 de abril marcó el inicio de este episodio. Ese día, los cuatro peruanos fueron enviados junto a otros once latinoamericanos a África, en lo que ya es considerado un caso inusual dentro de la política migratoria estadounidense.

Hoy, lejos de casa y en condiciones adversas, el grupo espera una respuesta. La historia sigue en desarrollo, mientras crecen las interrogantes sobre el alcance de estas medidas y el destino de quienes quedan atrapados fuera de los canales tradicionales de protección.

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