A Lucinda le tomó varios intentos —y más de una caída— encontrar el negocio que cambió su vida. Hoy, a sus cortos 32 años, lidera una ferretería en Lima Sur, y le va bien, pero su historia de emprendimiento no empezó aquí, sino cuando estaba en el colegio empujando una carretilla de raspadilla y chicharrones junto con su madre.

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“Resulta que desde muy chica me gustaba vender y siempre buscaba la forma de hacer negocio”, rememora.

Nació en Chanchamayo (Junín) y llegó a Lima a los 11 años. A los 18 se casó y con su esposo abrieron una tienda de ropa. El inicio fue prometedor, pero las ventas cayeron y tuvieron que cerrar.

@tromepe Doña Lucinda lo intentó todo: vendió chicharrones, tuvo tienda de ropa y hasta un quiosco escolar. Se cayó varias veces, pero como buena emprendedora, siempre se levantó. 💪✨ #Trome #Emprendedora #ElTromedelaConstrucción #perú ♬ Positive classical music with beautiful, happy mood.(1140207) - SonicPulse

Luego vino una nueva oportunidad con un quiosco escolar. Invirtió todo lo que tenía, lo dejó listo… y la pandemia lo hizo quebrar. “Me quedé sin un sol”, recuerda con amargura.

En busca de nuevos aires, se mudó a Lima Sur, donde abrió un pequeño negocio de venta de comida que empezó a tener acogida, pero que no duró porque la dueña del local decidió no renovarle el alquiler.

“Ese fue mi punto de quiebre, sentía que estaba muerta en vida, que había fracasado por completo”, confiesa.

Fue entonces cuando decidió escuchar a su esposo, quien era maestro de obras y siempre había querido tener una ferretería.

Lucinda y su esposo
Lucinda y su esposo

Empezaron con lo básico y, aunque al inicio se asociaron con unos amigos, finalmente quedaron solos. “Yo no sabía nada de este rubro; todo lo aprendí con la experiencia y con la guía de mi esposo”, cuenta.

En ese camino aparecieron personas claves. Una de ellas fue Julio, un maestro de obra a quien considera un gran apoyo porque la conectó con proyectos importantes en Lima Sur.

Desde entonces, no han parado. Hoy abastecen obras, ferreterías y clientes en toda la zona, vendiendo desde cemento, fierro y ladrillos hasta agregados, tubos y todo lo necesario para la construcción.

Lucinda, Trome de la Construcción. Foto: Fernando Sangama
Lucinda, Trome de la Construcción. Foto: Fernando Sangama

Progresol también ha sido nuestro ángel, porque nos ha dado confianza y autoridad para vender productos de calidad. La gente ve su clásico letrero azul y sabe que somos un negocio confiable”, afirma.

Hoy, Lucinda mira hacia atrás y lo tiene claro: cada caída valió la pena.

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