Fue sentenciado en primera instancia a dos años de prisión suspendida y a un pago de reparación civil de 400 mil soles. Sin embargo, el autor de ‘Plata como cancha’, Christopher Acosta, va al frente y demostrará que todo lo escrito en su obra sobre César Acuña es verdad. Trome conversó con el periodista, quien da su versión después de la ‘tormenta’.
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Yo me reafirmo en cada línea de mi libro. En absoluto me arrepiento de nada.
Me quedé muy sorprendido. No entendía los alegatos que presentaba como parte de su sentencia.
Yo creo que César Acuña es una persona que no acaba de entender que es un personaje público, nacional y que, por tanto, objetivo de investigación periodística.
Probablemente esto que promueve él, que es el culto a su personalidad. El libro cuenta, por ejemplo, cómo él incluso viaja a su pueblo para que sus congresistas conozcan la casa donde nació y juramenten frente a ella al cargo.
No tengo ninguna obsesión con Acuña. Mi interés es netamente periodístico, puedo decir, incluso, que Acuña no me cae mal. Pese a la condena me parece un personaje simpático.
No. Tampoco lo aceptaría porque claramente habría un conflicto de intereses.
Eso es falso, si no hablé con Acuña fue porque él no quiso hablar conmigo, porque estuvo solicitado a través de Richard Acuña, de Luis Valdez, y para la parte empresarial a través de la universidad.
Que cómo puede defender la libertad de expresión si lo primero que intentó hacer Acuña a través de Ghersi fue detener la distribución del libro demandando derechos sobre la frase ‘plata como cancha’.
Eso es correcto. La abogada Miriam Pilco dio esa declaración asegurando que el hecho había ocurrido; sin embargo, el libro cuenta que la abogada era una militante aprista cuando dio la declaración. El libro también incluye el testimonio y la negativa de la propia señora Gutiérrez, que es la supuesta víctima, y el libro refiere que en efecto ella se negó respecto a que el hecho haya sucedido.
Acuña dijo a Milagros Leiva que se había enterado por el libro que la señorita tenía 16 años. Es tan claro como evidenciar en documentos la partida de nacimiento del niño que registra, que nace cuando ella tenía 17, y por los meses el cálculo es que la señorita tenía 16 cuando los hechos ocurren.
No me animaría a hacer ese comentario. Yo creo que el libro habla por sí solo desde los testimonios de las mismas mujeres que han compartido su vida con él.
El libro cuenta que hay un acuerdo de distribución de bienes una vez que estas dos personas se divorcian, se separan a cambio de una cláusula de silencio, lo que impide a Rosa Núñez volverse a pronunciar, a declarar sobre César Acuña.
Esto lo cuenta Matilde Pinchi Pinchi y, además, su presencia en el SIN está testimoniada por otros dos exasesores de Vladimiro Montesinos. Hay incluso listas que las tres personas presentan a la comisión congresal.
Yo creo que entre otras varias cosas le ha permitido financiar un partido propio, nacional, pero además lo cuenta el libro, le ha permitido zafarse de la justicia en más de una oportunidad.
Nunca apoyé a Pedro Castillo. Yo investigo al gobierno de Pedro Castillo como cualquier televidente puede darse cuenta en ‘Punto Final’ todos los domingos.
No voté por ninguna de las dos opciones en la segunda vuelta.
Un gobierno poco transparente, con un gran desprecio por el periodismo y por la necesidad de comunicarse con la población a través de la prensa.
Gravísimo, esta denuncia la hemos trabajado en la unidad de investigación que dirijo y ha llevado al ministro a ser interpelado ante al Congreso.
Veo un gobierno que no tiene una ruta definida y está de tumbo en tumbo. El país está en una permanente crisis política. Ojalá que en algún momento el presidente Castillo encuentre un camino y un objetivo de gobierno.
No podría decir que Acuña le esté dando su respaldo al presidente Castillo porque Acuña es una persona de decisiones muy ondulantes. Entonces de pronto está, de pronto no está. En este momento no tengo claro si lo está apoyando o no.
Esto que ha pasado no solamente nos afecta a los periodistas, sino a cualquier ciudadano porque no puede estar limitado nuestro derecho a expresarnos, en este caso a través de un libro que, además, está absolutamente documentado. Eso es lo que explica el rechazo nacional que ha tenido la sentencia de este juez.
Gracias a ti.
… Sigo con especial interés periodístico el ascenso de Acuña Peralta desde hace unos diez años. Ya para entonces tenía claro que nuestro personaje quería ser presidente, y en esta campaña se juega su intento por conseguirlo. Nadie puede negar que, convertido en figura nacional, el candidato goza de peso político propio, y que la atribulada historia del país de los últimos años no puede mencionarse sin que sea escrito su nombre. Ni su fortuna.
Pero este no es un libro de un hombre que solo quiere ser presidente.
La historia personal de Acuña está compuesta de piezas desperdigadas en diferentes tiempos y ciudades, y este libro juega a armar el rompecabezas. Solo haciendo calzar esas fichas -que a veces Acuña esconde o incluso compra- es que aparece ante nuestros ojos, más clara, la figura de alguien, que de sus actos se interpreta, que las reglas están hechas para romperse: un ‘lujo’ que solo puede darse quien es consciente de que saldrá ileso para contarlo.
Si César Acuña no fuera rico estaría, muy probablemente, preso. Solo su fortuna ha sido capaz de crear un sistema de justicia paralelo, en el que sus millones compensan sus atropellos, y silencian a sus agraviados. En ese régimen privado, los abogados y las notarías remplazan a jueces y juzgados, y los acuerdos confidenciales hacen de fallos o sentencias, que se guardan en la más absoluta reserva. Hasta ahora.
El acuerdo secreto por el que acalla al escritor del que se apropia un libro, el pacto entre hermanos para saldar el despojo de una millonaria empresa, el acuerdo notarial para dividir una fortuna con su exesposa, y el esquema del chofer, el guardaespaldas y el hombre de la chequera para inyectar un millón de soles a su campaña, por fuera del radar estatal, son solo algunas de las historias que se cuentan aquí por primera vez. En todas ellas existe un patrón, Acuña agravia y luego repara a sus víctimas por fuera del ojo público, a cambio de su silencio...
Todos tenemos historias que ocultar. Plata como cancha revela la de César Acuña.
Christopher Acosta, Lima, 11 de enero del 2021
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