La periodista salvadoreña Angélica Cárcamo es directora de la Red Centroamericana de Periodistas (RCP).
La periodista salvadoreña Angélica Cárcamo es directora de la Red Centroamericana de Periodistas (RCP).

En el marco del IX Encuentro de Periodismo de Investigación Europa - América Latina, realizado en Lima, la periodista salvadoreña Angélica Cárcamo, directora de la Red Centroamericana de Periodistas (RCP), analizó el estado actual de la libertad de prensa en Centroamérica. Durante su participación como expositora, advirtió sobre el deterioro de las condiciones para ejercer el periodismo en países como Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador, así como el aumento de los riesgos para quienes investigan o cuestionan al poder.

El IX Encuentro de Periodismo de Investigación Europa - América Latina fue organizado por IDEA Internacional, el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), el Consejo de la Prensa Peruana (CPP) y la Asociación Nacional de Periodistas del Perú (ANP), como parte del proyecto “Consolidación de la democracia peruana”, con el financiamiento de la Unión Europea. En este contexto, Cárcamo también ofreció una entrevista sobre los casos de persecución contra periodistas y los desafíos del periodismo independiente.

Desde tu experiencia acompañando a periodistas en distintos países de la región, ¿cómo describirías hoy el estado de la libertad de prensa en Centroamérica?

Es una situación muy compleja. Centroamérica se ha convertido en un territorio cada vez más hostil para el periodismo. Muchos países de la región salieron de conflictos armados o profundas divisiones políticas en el siglo XX y se pensó que las democracias que surgieron después podrían consolidarse. Sin embargo, hoy vemos democracias frágiles o inestables, e incluso retrocesos claros. En varios países hay una tendencia hacia la concentración de poder y el debilitamiento de las instituciones. Un punto de quiebre importante fue el golpe de Estado en Honduras en 2009, cuyas consecuencias políticas todavía se sienten en la región.

Dentro de ese panorama regional, ¿qué país representa hoy el escenario más crítico para el ejercicio del periodismo?

El caso más emblemático es Nicaragua. Después de la crisis política de 2018, el gobierno se consolidó en el poder sin señales reales de apertura democrática. Se estima que más del 90 % de los periodistas nicaragüenses están en el exilio. Muchos se desplazaron inicialmente a Costa Rica, pero con el tiempo algunos han migrado a otros países, como España. En la práctica, Nicaragua funciona hoy como una dictadura para el periodismo independiente.

Honduras cuenta con un mecanismo de protección para periodistas. ¿Qué ocurre con ese sistema?

Honduras es uno de los pocos países de América Latina que tiene un mecanismo de protección para periodistas, junto con México, Brasil y Colombia. En su momento tuvo algunos avances, pero con el tiempo se ha debilitado.

Un caso que evidenció estas fallas fue el asesinato de un periodista comunitario de origen salvadoreño, Nicolás Humberto García, que trabajaba también como taxista. Él había solicitado protección estatal, pero no recibió medidas efectivas.

En Guatemala hubo expectativas de cambio con la llegada de un nuevo gobierno. ¿Cómo impacta esto en la libertad de prensa?

Con la llegada de Bernardo Arévalo hubo expectativas de cambio, pero el problema en Guatemala no se limita al Ejecutivo. El poder también está concentrado en otras instituciones del Estado, especialmente en el Ministerio Público dirigido por Consuelo Porras.

Varios sectores han denunciado que desde allí se han impulsado procesos de criminalización contra operadores de justicia, defensores de derechos humanos y periodistas. Uno de los casos más emblemáticos es el del periodista José Rubén Zamora, fundador del diario El Periódico, cuyo proceso ha sido señalado por organismos internacionales como persecución contra el periodismo independiente.

La llegada a la presidencia de El Salvador de Nayib Bukele ha implicado riesgos para los periodistas, según Cárcamo. (SAUL LOEB / AFP)
La llegada a la presidencia de El Salvador de Nayib Bukele ha implicado riesgos para los periodistas, según Cárcamo. (SAUL LOEB / AFP)

El caso de El Salvador genera mucho debate en la región. ¿Cómo lo analizas?

Sí, El Salvador es uno de los casos que más discusión genera actualmente. Nayib Bukele llegó al poder en 2019 mediante elecciones democráticas con un discurso antisistema que cuestionaba a los partidos tradicionales.

Con el tiempo se ha producido una fuerte concentración de poder. En 2021 el oficialismo obtuvo mayoría en la Asamblea Legislativa y destituyó a magistrados de la Corte Suprema y al fiscal general, lo que marcó un punto de inflexión en la institucionalidad del país.

Otro tema central es el régimen de excepción.

El régimen de excepción se implementó en 2022 tras un aumento de homicidios atribuido a pandillas. Bajo este esquema se suspendieron varias garantías constitucionales y se ampliaron las facultades de las fuerzas de seguridad.

El gobierno sostiene que esta política ha reducido la violencia, pero organizaciones de derechos humanos han documentado detenciones arbitrarias y casos de personas inocentes encarceladas.

¿Qué implica este contexto para la libertad de expresión?

Genera un ambiente mucho más difícil para el periodismo. La estigmatización y la narrativa de que cualquier crítica equivale a defender a criminales crean un contexto en el que cuestionar al poder se vuelve cada vez más complicado.

Cuando pedir transparencia o debido proceso se interpreta como estar del lado del crimen, se crea un clima muy peligroso para la libertad de expresión.

Desde la Red Centroamericana de Periodistas (RCP) han documentado casos de periodistas criminalizados en El Salvador. ¿Qué ocurrió con uno de ellos durante su detención?

Hubo un periodista que estuvo encarcelado en condiciones extremadamente precarias. Apenas recibía alimentos y en algunos momentos fue colocado en celdas con pandilleros, lo que le generaba mucho temor. Por la falta de higiene y atención médica desarrolló infecciones en el cuerpo y perdió mucho peso. Su salud se deterioró gravemente, especialmente porque ya padecía diabetes e hipertensión.

Las voces críticas enfrentan riesgos cada vez mayores. Muchos periodistas se ven obligados a salir de sus países para poder seguir ejerciendo su trabajo desde el exilio. Nadie quiere abandonar su patria, pero cuando no existen garantías para ejercer el periodismo, esa termina siendo la única opción.

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